martes, 8 de marzo de 2016

HACERNOS RICOS A MANOS DE LOS POBRES


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A propósito del mes de la mujer y a la conmemoración de la lucha de estas mujeres a las que por mucho tiempo se les vulneraron sus derechos, me resulta irritante como después de tantos años se sigan presentado desigualdades tan notorias entre hombres y mujeres en el ámbito laboral, familiar y por ende sus implicaciones en lo económico, y es que sin duda en el marco de la historia nos encontramos con tantos hechos que dejan al descubierto esta realidad donde no solo hombres y mujeres, si no también niños se han visto afectados y han sido sometidos a condiciones de inferioridad que llegan a ser hasta deplorables;  ya que en situaciones de extrema pobreza  muchos menores en busca de mejorar su forma de vida son engañados y utilizados para trabajar extensas jornadas sin derecho a ninguna garantía, situación que se sigue presentando en la actualidad, donde la explotación infantil me resulta una de las formas más aberrantes e indignantes en la vulneración de los derechos humanos. Es por eso que si recordamos la época de la revolución industrial donde los niños se encontraban involucrados a trabajar de 12 a 16 horas en promedio, no existía un salario mínimo, es decir, podían trabajar extensas jornadas por salarios extremadamente bajos, no tenían cobertura en salud, y mucho menos contratos que les permitiera asegurar sus trabajos por algún tiempo, veremos hoy en día que son condiciones que se presentan detrás de la elaboración de muchos productos de marcas reconocidas que se consumen en el mercado y que sin darnos cuenta podemos estar contribuyendo a la reproducción de este tipo de trabajo.
La diferencia entre la época de la revolución industrial y la actual, respecto a lo laboral, es la legalidad, si bien, en la revolución industrial no existían instituciones que regularan y velaran por los derechos de los trabajadores, que solo fue posible a través de la lucha de todas estas personas que se sintieron oprimidas por el sistema y que los llevo a organizarse en los llamados Sindicatos, con lo cual lograron el reconocimiento de mantener estas garantías, sin embargo, para que hoy subsistan estas formas de explotación tienen que configurarse en el marco de la ilegalidad en el que los niños son blanco fácil.
La contradicción está, entonces, en la existencia de las maquilas, que son empresas extranjeras en países en vía de desarrollo con mano de obra barata, pero que tanto su maquinaria e insumos como el producto resultante son del país extranjero, el cual no tiene necesidad de pagar impuestos por la exportación e importación, y donde trabajan mujeres y niños en condiciones de explotación.
¿Por qué algunos países permiten esto?, ¿acaso no se les está violentando sus derechos a estas mujeres y niños?
La realidad es que países como la India, Bangladesh, Marruecos, Guatemala, México donde se presentan las maquilas admiten estas condiciones con el fin de atraer inversionistas contribuyendo así al crecimiento económico, creyendo que es una buena forma de generar empleo a la población desocupada, y de esta manera evitar que mujeres y niños se vean envueltos en redes prostitución ante la necesidad.
Tommy Hilfiger, Timberland, H&M, Marks&Spencer, Diesel, Gap, C&A, El Corte inglés, Inditex y Cortefiel, cuyas fábricas se concentran al sur de India, fomentan la explotación laboral infantil y adolescente. (Tomado de www.elconfidencial.com). Todas estas han sido marcas reconocidas y de gran prestigio, que pagan un salario miserable por producir prendas, comparado con el precio tan elevado al que se comercializa. Sin duda, estas no son las únicas marcas detrás de toda esta explotación, también se habla del calzado de Nike, y hasta el tráfico de niños en las plantaciones de cacao en Costa de marfil para la producción de chocolates como Cargill y Hershey’s.
Existen muchas marcas más envueltas en estas dinámicas de explotación, tal vez, unas no tan reconocidas, algunas ilegales y otras que saben manejar muy bien sus estrategias para poder continuar en funcionamiento en el marco de lo legal, pero que no dejan de tener su gran impacto en la sociedad, economía y porque no en el ambiental. En ese sentido surge la necesidad de revaluarnos y repensarnos si en realidad es justo que se sigan presentando estos atropellos, que hacemos para contribuir a la solución de esta problemática y que no se pueden seguir tolerando este tipo de abusos contra nuestros niños. 

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA:






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