domingo, 13 de marzo de 2016

LA NEBULOSA DEL POSCONFLICTO


Seria inusitado tener como único visor la idea que el conflicto es el verdadero y exclusivo caso del meollo en que se encuentra Colombia, si bien es uno de los grandes problemas no es el único y no terminaría auténticamente con todos los problemas sociales ni con un estado desfragmentado si solo con un acuerdo de paz  se llegase a firmar.
Decía Aristóteles “la política es lo que nos distingue de los animales”  por ende sin la política perderíamos algo de esencia de lo que es ser intrínsecamente humano. No obstante aquello genera otras acciones que en la concepción del ideal de ser humano no caben bajo en ningún consentimiento. Existiendo así cuestiones maliciosas, interés personales; pero desfavorecedores para la comunidad; vínculos corruptos de por medio y otros tantos factores que deshilachan otra brecha que llamaríamos un instinto animal, de comerse al más débil no en un sentido literal referente a lo salvaje sino mas bien el espectro del contexto de la vida humana.
Tal vez ello trata lo mezquino detrás del asunto, pero no basta para entender en su totalidad el componente económico que influye con el hecho de entrar en el llamado fin a la guerra. Que dependemos para nuestro mal o bien vivir de lo que allí se está negociando, que La guerra adquirirá la dimensión política que tiene, pero aun no es muy claro la dimensión que económicamente  tendrá en años posteriores. Son solo los elementos técnicos que se conocen por los medios de comunicación sobre el tratado de paz, sin embargo fuera de esa excusa para desarmar desde el poder a una fuerza armada, se encuentra la continuidad del sistema neoliberal; por excelencia acumulador de la riqueza.
Si se quiere que sea estable el crecimiento económico de Colombia después de los acuerdos  requerirá una inversión importante para desarrollo sostenible en las áreas rurales  para lograr realmente el desarrollo rural en muchas regiones que han estado olvidados por muchos años, las dos puntos que significarían una inversión más grande de presupuesto serian tal vez el punto agrario, y  un punto de acuerdo con las víctimas, sobre lo que sería la restitución y reparación de porcentajes de todos los afectados.
Aunque irónicamente a Colombia le va mejor por estos días a algunos países europeos y a sus vecinos latinoamericanos en temas de crecimiento económico, es alertada desde hace ya algún tiempo debido a su deseo de  financiar lo que sería una década después del tratado. Colombia gasta cerca de 23 billones anules en la guerra. Después del acuerdo de paz no se sabe a ciencia cierta cuanto podría llegar a costar el posconflicto colombiano, el cálculo ya de por si complejo debido a que cuando comenzaron las negociaciones, la realidad económica era otra, la tasa de desempleo había bajado un dígito después de una década.  La economía colombiana había tenido un buen periodo en el año 2011 debido a que tuvo  un crecimiento de 6 por ciento, Incluso las agencias calificadoras de riesgo le devolvieron a Colombia el grado de inversión a la deuda, en  muestra de confianza en la economía y hasta el TLC con Estados Unidos fue acordado. Las exportaciones superaron los 50.000 millones de dólares, en cuanto al petróleo del país se acercó a producir 1 millón de barriles diarios y el precio del crudo Brent pudo llegar a los 120 dólares el barril, lo que daba mucha prosperidad a las utilidades de Ecopetrol.
Ahora la realidad de Colombia es otra, sumando el hecho que ahora poseen problemas con el precio del petróleo siendo esta una de sus jugosas exportaciones. Colombia siendo un país sensible a los precios del petróleo también lo es en producción, por tanto no se ve con claridad cómo se mantendrán una década de posconflicto. Un estudio alentador realizado por la universidad de los andes indica que la economía crecería 4.4 por ciento más si se firma la paz. De un 4 al 8 por ciento  aumentaría la tasa de crecimiento. Sin embargo esto no asegura que el PIB aumente, pero tal vez si su potencial de crecimiento.
La mentalidad de ahora es entender que las condiciones económicas que se daban cuando se anunció el proceso de paz quedaron en el pasado. Que parte del continente o tal vez del mundo se está preparando para afrontar lo que puede ser una época de transición de periodos no tan gloriosos para el mercado de la cual Colombia podría manejar pero de las cuales no será ajeno. Analizando la actividad económica más puntualmente se podría citar un caso , más precisamente el del valle del cauca, el cual está enclavada en una pertenecía de la tierra absurdamente concentrada y dedicada a un monocultivo de caña de azúcar que se convirtió en uno de los causantes del cambio climático, produciendo irresponsablemente grandes emisiones de etanol, es decir un especie de economía en contra de la realidad humana, ejemplo tal vez del resultado del neoliberalismo como expresión máxima del capitalismo.
Diciendo así que lo conveniente es no herir mayúsculamente a la naturaleza por nuestra riqueza material, tampoco seguir asesinado el planeta para que un país pueda salir adelante de una crisis económica, pero refleja lo endeble que esta el tiempo y el camino por el que pasan las sociedades. Parece ser así que si no es rentable el negocio de cuidar el planeta, entonces sencillamente se permitirán mas cinismo del capitalismo al extremo, las cuales ya estamos viendo sus consecuencia.
Estamos destinados al llamado de ser los economistas del posconflicto, y los economistas del cambio climático.

                                                                                      

                                                                                            JHON CRISTIAN A. ORTEGA

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