Seria inusitado tener
como único visor la idea que el conflicto es el verdadero y exclusivo caso del
meollo en que se encuentra Colombia, si bien es uno de los grandes problemas no
es el único y no terminaría auténticamente con todos los problemas sociales ni
con un estado desfragmentado si solo con un acuerdo de paz se llegase a firmar.
Decía Aristóteles “la
política es lo que nos distingue de los animales” por ende sin la política perderíamos algo de
esencia de lo que es ser intrínsecamente humano. No obstante aquello genera
otras acciones que en la concepción del ideal de ser humano no caben bajo en
ningún consentimiento. Existiendo así cuestiones maliciosas, interés personales;
pero desfavorecedores para la comunidad; vínculos corruptos de por medio y
otros tantos factores que deshilachan otra brecha que llamaríamos un instinto
animal, de comerse al más débil no en un sentido literal referente a lo salvaje
sino mas bien el espectro del contexto de la vida humana.
Tal vez ello trata lo
mezquino detrás del asunto, pero no basta para entender en su totalidad el
componente económico que influye con el hecho de entrar en el llamado fin a la
guerra. Que dependemos para nuestro mal o bien vivir de lo que allí se está
negociando, que La guerra adquirirá la dimensión política que tiene, pero aun
no es muy claro la dimensión que económicamente
tendrá en años posteriores. Son solo los elementos técnicos que se
conocen por los medios de comunicación sobre el tratado de paz, sin embargo
fuera de esa excusa para desarmar desde el poder a una fuerza armada, se
encuentra la continuidad del sistema neoliberal; por excelencia acumulador de
la riqueza.
Si se quiere que sea
estable el crecimiento económico de Colombia después de los acuerdos requerirá una inversión importante para
desarrollo sostenible en las áreas rurales
para lograr realmente el desarrollo rural en muchas regiones que han
estado olvidados por muchos años, las dos puntos que significarían una
inversión más grande de presupuesto serian tal vez el punto agrario, y un punto de acuerdo con las víctimas, sobre
lo que sería la restitución y reparación de porcentajes de todos los afectados.
Aunque irónicamente a
Colombia le va mejor por estos días a algunos países europeos y a sus vecinos
latinoamericanos en temas de crecimiento económico, es alertada desde hace ya
algún tiempo debido a su deseo de financiar lo que sería una década después del
tratado. Colombia gasta cerca de 23 billones anules en la guerra. Después del
acuerdo de paz no se sabe a ciencia cierta cuanto podría llegar a costar el
posconflicto colombiano, el cálculo ya de por si complejo debido a que cuando
comenzaron las negociaciones, la realidad económica era otra, la tasa de
desempleo había bajado un dígito después de una década. La economía colombiana había tenido un buen
periodo en el año 2011 debido a que tuvo
un crecimiento de 6 por ciento, Incluso las agencias calificadoras de
riesgo le devolvieron a Colombia el grado de inversión a la deuda, en muestra de confianza en la economía y hasta
el TLC con Estados Unidos fue acordado. Las exportaciones superaron los 50.000
millones de dólares, en cuanto al petróleo del país se acercó a producir 1
millón de barriles diarios y el precio del crudo Brent pudo llegar a los 120
dólares el barril, lo que daba mucha prosperidad a las utilidades de Ecopetrol.
Ahora la realidad de
Colombia es otra, sumando el hecho que ahora poseen problemas con el precio del
petróleo siendo esta una de sus jugosas exportaciones. Colombia siendo un país
sensible a los precios del petróleo también lo es en producción, por tanto no se
ve con claridad cómo se mantendrán una década de posconflicto. Un estudio
alentador realizado por la universidad de los andes indica que la economía
crecería 4.4 por ciento más si se firma la paz. De un 4 al 8 por ciento aumentaría la tasa de crecimiento. Sin
embargo esto no asegura que el PIB aumente, pero tal vez si su potencial de
crecimiento.
La mentalidad de ahora
es entender que las condiciones económicas que se daban cuando se anunció el
proceso de paz quedaron en el pasado. Que parte del continente o tal vez del
mundo se está preparando para afrontar lo que puede ser una época de transición
de periodos no tan gloriosos para el mercado de la cual Colombia podría manejar
pero de las cuales no será ajeno. Analizando la actividad económica más
puntualmente se podría citar un caso , más precisamente el del valle del cauca,
el cual está enclavada en una pertenecía de la tierra absurdamente concentrada
y dedicada a un monocultivo de caña de azúcar que se convirtió en uno de los
causantes del cambio climático, produciendo irresponsablemente grandes
emisiones de etanol, es decir un especie de economía en contra de la realidad
humana, ejemplo tal vez del resultado del neoliberalismo como expresión máxima
del capitalismo.
Diciendo así que lo
conveniente es no herir mayúsculamente a la naturaleza por nuestra riqueza
material, tampoco seguir asesinado el planeta para que un país pueda salir
adelante de una crisis económica, pero refleja lo endeble que esta el tiempo y
el camino por el que pasan las sociedades. Parece ser así que si no es rentable
el negocio de cuidar el planeta, entonces sencillamente se permitirán mas
cinismo del capitalismo al extremo, las cuales ya estamos viendo sus
consecuencia.
Estamos destinados al llamado de ser los economistas del
posconflicto, y los economistas del cambio climático.
JHON
CRISTIAN A. ORTEGA
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