domingo, 26 de febrero de 2017

¿Por qué hacer historia en economía hoy en día?

      Julián Andrés Palacios
Si pretendemos hacer un examen concienzudo del papel que juega la historia en la economía actualmente, es menester analizar a la ciencia económica desde una perspectiva epistemológica, plantear sus orígenes, coyunturas, y vislumbrar los retos que hay por delante sin caer en el paradigma positivista; que si no lleva al desprestigio a esta perfectible ciencia, sus conclusiones son una alarma de atención para el ciudadano del siglo XXI. Numerosas crisis económicas se han desatado y la teoría neoclásica no ha sabido dar una solución apropiada a estos tiempos de cambio, De acuerdo con Toflfler (1980), estamos viviendo una época de cambios, surfeamos sobre crestas de un mar tumultuoso, abordando la tercera ola. El fin del capitalismo tal cual lo conocemos está cerca, y yo me pregunto, ¿será la humanidad capaz de anticiparse a los cambios, o la ciencia económica seguirá siendo medida con el racero de las ciencias formales y factuales naturalistas frenando una revolución inminente?
“Porque la historia no es solamente una ciencia en marcha. Es también una ciencia que se halla en la infancia: como todas las que tienen por objeto el espíritu humano” (Bloch, 1952, p.18). Y lo mismo aplica para la economía. Adam Smith instituyó la economía política clásica, y hago hincapié en “política” pues fue y debe ser palabra indisociable de la economía, si se pretende considerarla como ciencia social. Esto lo tenía muy claro David Ricardo y Carlos Marx, quienes instituyeron junto a Smith, una ciencia del hombre para el hombre, llevados por la filosofía de la praxis, lograron trascender el arquetipo de filósofos, logrando ser los pensadores de una revolución en progreso.
Bien, ahora considérese la premisa de la teoría económica como fruto del devenir dialectico, donde la historia, como el estudio del hombre en el tiempo,  representa y da contexto a las teorías de las diferentes escuelas económicas. No podemos pensar a Keynes sin la gran depresión o la segunda guerra mundial, lo mismo  aplica para los clásicos y la transición del mercantilismo al capitalismo. Marx lo tenía muy claro, desarrolló su teoría del materialismo histórico dando cuerpo y forma al desarrollo de las relaciones y fuerzas productivas del hombre a través del tiempo, fue una teoría ecléctica e interdisciplinaria; en definitiva fue un hombre de época. Bajo esta misma premisa podemos abordar el surgimiento de la escuela marginalista que llevó a la asimilación de la matemática en la economía, borrando la palabra “política” de su nombre. El marginalismo fue una escuela teórica homóloga a los movimientos intelectuales de finales del siglo XIX que “consideraban que no puede haber conocimiento auténtico que no pueda desembocar en certidumbres formuladas bajo el aspecto de leyes imperiosamente universales por medio de demostraciones irrefutables” (Bloch, 1952, p. 19) esto es termino análogo a lo que se le conoce como praxeología o lógica racional de las acciones humanas.
Bajo esta corriente la economía mimetizó la episteme de las ciencias naturales y exactas para adquirir el carácter de ciencia “dura”, las acusaciones no se hicieron esperar, no habiendo sido exenta de críticas esta transformación de la ciencia económica. Por ejemplo Cipolla (1991) otorga prerrogativa, a la disciplina del historiador económico, y ultraja la del economista, bajo los argumentos peyorativos, como generalizador, extremadamente racional y acreedor de una concepción de esprit géométrique. Todo lo contrario de su contraparte, como específico, empírico, y un analista del caos real; concepción de esprit finesse.
El debate sigue en boga frente a las crisis recurrentes del capitalismo y tanto reaccionarios y contestatarios toman su posición, ya sea en la moderna escuela neoclásica e institucional o por el contrario con una perspectiva mayormente historicista, la escuela histórica alemana y la escuela de la regulación francesa. Más allá de la confrontación  como conclusión reflexiva podemos decir  que la historia económica está a la expectativa de superar la dualidad, y adquirir una identidad que no será fácil de alcanzar sin un consenso interdisciplinar, pues más que ser la rama de una, nace como una disciplina hija de una pareja que cree ser disfuncional.
Los dados ya han sido lanzados, y mientras la historia y economía no se reconcilien, las fichas del tablero seguirán moviéndose. No fue hace mucho que la crisis del sudeste asiático en 1997 llego a costa, y siendo más próxima la del 2008, estremeció cimientos que no se habían tambaleado con tanta fuerza desde 1929. Hoy la ciencia económica está en crisis y busca volver a sus orígenes, es decir, establecerse como ciencia fáctica social. Pero sus presunciones tan solo han sido la supeditación de las técnicas históricas a la imperante y abstraída praxiología. Las herramientas como los análisis contrafactuales (suposiciones históricas) y la cliometría (econometría regresiva) no han podido dar solución a un mundo que ya fue, que es y será. Vivimos tiempos que demandan tomar distancia prudente de la ortodoxia y explorar nuevos caminos, tiempos que requieren una reestructuración de los cimientos de la ciencia económica. Hoy es tiempo que al igual que antaño, la economía y la historia lleguen a un acuerdo que más que entender el mundo, nos ayude realmente a transformarlo.
Referencias bibliográficas:
Toffler, A. (1980). La tercera ola. Colombia: Plaza & Janés.
Bloch, M. (1952). Introducción a la historia. México, D.F: Fondo de Cultura Económica.
Hobsbawm, E. (1998). Sobre la historia: Crítica.
Bunge, M. (2003). La ciencia, su método y su filosofía. Colombia: Fundación Promotora Colombiana de Cultura.
Cipolla, C. (1991). Entre la historia y la economía. Barcelona: Crítica.


  

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