Julián Andrés Palacios
Si
pretendemos hacer un examen concienzudo del papel que juega la historia en la
economía actualmente, es menester analizar a la ciencia económica desde una
perspectiva epistemológica, plantear sus orígenes, coyunturas, y vislumbrar los
retos que hay por delante sin caer en el paradigma positivista; que si no lleva
al desprestigio a esta perfectible ciencia, sus conclusiones son una alarma de
atención para el ciudadano del siglo XXI. Numerosas crisis económicas se han
desatado y la teoría neoclásica no ha sabido dar una solución apropiada a estos
tiempos de cambio, De acuerdo con Toflfler (1980),
estamos viviendo una época de cambios, surfeamos sobre crestas de un mar tumultuoso,
abordando la tercera ola. El fin del capitalismo tal cual lo conocemos está
cerca, y yo me pregunto, ¿será la humanidad capaz de anticiparse a los cambios,
o la ciencia económica seguirá siendo medida con el racero de las ciencias
formales y factuales naturalistas frenando una revolución inminente?
“Porque
la historia no es solamente una ciencia en marcha. Es también una ciencia que
se halla en la infancia: como todas las que tienen por objeto el espíritu
humano” (Bloch, 1952, p.18). Y lo mismo aplica para la economía. Adam Smith instituyó la economía política clásica, y hago hincapié en
“política” pues fue y debe ser palabra indisociable de la economía, si se
pretende considerarla como ciencia social. Esto lo tenía muy claro David
Ricardo y Carlos Marx, quienes instituyeron junto a Smith, una ciencia del
hombre para el hombre, llevados por la filosofía de la praxis, lograron
trascender el arquetipo de filósofos, logrando ser los pensadores de una
revolución en progreso.
Bien,
ahora considérese la premisa de la teoría económica como fruto del devenir dialectico, donde la
historia, como el estudio del hombre en el tiempo, representa y da contexto a las teorías de las
diferentes escuelas económicas. No podemos pensar a Keynes sin la gran
depresión o la segunda guerra mundial, lo mismo
aplica para los clásicos y la transición del mercantilismo al capitalismo.
Marx lo tenía muy claro, desarrolló su teoría del materialismo histórico dando
cuerpo y forma al desarrollo de las relaciones y fuerzas productivas del hombre
a través del tiempo, fue una teoría ecléctica e interdisciplinaria; en
definitiva fue un hombre de época. Bajo esta misma premisa podemos abordar el
surgimiento de la escuela marginalista que llevó a la asimilación de la
matemática en la economía, borrando la palabra “política” de su nombre. El
marginalismo fue una escuela teórica homóloga a los movimientos intelectuales
de finales del siglo XIX que “consideraban que no puede haber conocimiento
auténtico que no pueda desembocar en certidumbres formuladas bajo el aspecto de
leyes imperiosamente universales por medio de demostraciones irrefutables” (Bloch,
1952, p. 19) esto es termino análogo a lo que se le conoce como praxeología o
lógica racional de las acciones humanas.
Bajo
esta corriente la economía mimetizó la episteme de las ciencias naturales y
exactas para adquirir el carácter de ciencia “dura”, las acusaciones no se hicieron
esperar, no habiendo sido exenta de críticas esta transformación de la ciencia
económica. Por ejemplo Cipolla (1991) otorga prerrogativa, a la disciplina del
historiador económico, y ultraja la del economista, bajo los argumentos
peyorativos, como generalizador, extremadamente racional y acreedor de una
concepción de esprit géométrique.
Todo lo contrario de su contraparte, como específico, empírico, y un analista
del caos real; concepción de esprit
finesse.
El
debate sigue en boga frente a las crisis recurrentes del capitalismo y tanto reaccionarios
y contestatarios toman su posición, ya sea en la moderna escuela neoclásica e
institucional o por el contrario con una perspectiva mayormente historicista,
la escuela histórica alemana y la escuela de la regulación francesa. Más allá
de la confrontación como conclusión
reflexiva podemos decir que la historia
económica está a la expectativa de superar la dualidad, y adquirir una
identidad que no será fácil de alcanzar sin un consenso interdisciplinar, pues
más que ser la rama de una, nace como una disciplina hija de una pareja que
cree ser disfuncional.
Los
dados ya han sido lanzados, y mientras la historia y economía no se reconcilien,
las fichas del tablero seguirán moviéndose. No fue hace mucho que la crisis del
sudeste asiático en 1997 llego a costa, y siendo más próxima la del 2008,
estremeció cimientos que no se habían tambaleado con tanta fuerza desde 1929.
Hoy la ciencia económica está en crisis y busca volver a sus orígenes, es decir,
establecerse como ciencia fáctica social. Pero sus presunciones tan solo han
sido la supeditación de las técnicas históricas a la imperante y abstraída
praxiología. Las herramientas como los análisis contrafactuales (suposiciones
históricas) y la cliometría (econometría regresiva) no han podido dar solución
a un mundo que ya fue, que es y será. Vivimos tiempos que demandan tomar
distancia prudente de la ortodoxia y explorar nuevos caminos, tiempos que
requieren una reestructuración de los cimientos de la ciencia económica. Hoy es
tiempo que al igual que antaño, la economía y la historia lleguen a un acuerdo
que más que entender el mundo, nos ayude realmente a transformarlo.
Referencias bibliográficas:
Toffler,
A. (1980). La tercera ola. Colombia: Plaza
& Janés.
Bloch,
M. (1952). Introducción a la historia.
México, D.F: Fondo de Cultura Económica.
Hobsbawm,
E. (1998). Sobre la historia:
Crítica.
Bunge,
M. (2003). La ciencia, su método y su
filosofía. Colombia: Fundación Promotora Colombiana de Cultura.
Cipolla,
C. (1991). Entre la historia y la
economía. Barcelona: Crítica.
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