Devorah Mosquera Collo
Ocurrida aproximadamente diez mil años atrás, la revolución neolítica sentó las
bases de la civilización humana. Marcó el destino del Sapiens desde la transición de
nómada a sedentario, junto al dominio de la agricultura y el nacimiento del excedente.
Quien iba a pensar que acciones que nos resultan tan familiares y ancestrales como
cultivar, que prometían un alto grado de estabilidad y de progreso, tendrían como eco en
la actualidad un resultado crítico y devastador, tanto para el planeta como para los
individuos que lo habitan. Este ensayo no solo promete hablar sobre el nacimiento de
este periodo, sino también hacer una crítica a las más grandes consecuencias de las
cuales somos partícipe como humanidad. ¿Será el paradigma de la acumulación
neolítica el verdadero origen de la extinción global? ¿Podría la razón humana curar la
enfermedad que así misma se ha creado y contagiado?
Hace miles de años Sapiens tomó la decisión más trascendental de su historia,
rompió el ciclo natural de cazador y recolector porque ahora podía cultivar su propio
alimento, el origen del excedente que más adelante vendría siendo la base de la riqueza
y la desigualdad. Ya teniendo control de lo que producía, más un espacio limitado y con
fronteras, creó sin saberlo el concepto de la propiedad privada, que con la agricultura
formarían la división de las clases sociales. El neolítico parecía ser el punto de la
historia más prometedor dado al crecimiento de la población y la gran cantidad de
alimentos que podía abastecerla, pero no fue si no una cortina de humo para la realidad
que enfrentaría la especie humana. Enfermedades por la nueva dieta alimenticia, la
aparición de la guerra en defensa de la propiedad, límites territoriales y la lógica de la
acumulación, principales causas de las que se deriva la crisis actual. Es curiosamente
alarmante, que lo que nos había proporcionado un crecimiento como especie, hoy nos
balancea en la línea de extinción.
“La agricultura hizo posible la existencia de más gente, pero no mejoró
necesariamente su calidad de vida” (Harari, 2014,p. 95). El neolítico priorizó la
cantidad de productos y de individuos, sobre la calidad de vida de ellos mismos, 10,000
años después la única diferencia es que ya no se le da prioridad a la cantidad de comida
sino a la acumulación de capital y gracias a ello, la creación de las élites y su lógica de
hacer más, vender más y ganar mucho más, a cambio la subordinación de la integridad y
la dignidad humana e incluso contra su propia existencia. Hace una semana en su
intervención ante la asamblea general de la ONU, el presidente de Colombia, Gustavo
Petro, se refirió al capital , que por medio de la codicia vuelve a priorizar la
acumulación sobre la vida, y cómo, la oligarquía global en este impulso insaciable, nos
ha llevado a la crisis climática. Esta lógica no es sino la extensión del error neolítico, en
donde no fue la agricultura en sí misma la que permitió llegar a este desastre, sino la
humanidad quien la escogió y el capitalismo que se encargó de pulir, perfeccionar y
globalizarlo. Petro argumentó que el impulso interminable de la producción es
particularmente por el capital fósil, frente a una gran irracionalidad humana que se niega
a reconocer la escasez de los recursos naturales, la existencia del cambio climático, la
ciencia y el tiempo límite (el punto de no retorno). En pocas palabras así cómo se
abandonó la recolección y la caza para entrar y crear la revolución neolítica, se debe
abandonar esta era de acumulación capitalista y permitir la llegada de una nueva
revolución que ponga por encima la existencia humana y planetaria.
“El tiempo ya se acabó, es la hora de los pueblos…Detener el capital Fósil…
Capital o vida, democracia o barbarie.”(Petro, 2025, párr. 27). Es hora de superar esta
lógica capitalista para liberarnos de la codicia y el error histórico que amenaza el
colapso de la vida. Petro en su discurso también menciona la razón como cura y hace un
llamado a la humanidad hacia detener el deseo acumulativo, y para que pueda funcionar
propone ir más allá del Estado nación y la oligarquía, que la humanidad sea un nuevo
sujeto político con una visión democrática que abandone el sistema capitalista.
En conclusión, el error neolítico de enfocarse en la cantidad sobre el bienestar, se
ha transformado en la avaricia del capital, la acumulación siempre ha prevalecido sobre
la vida, evidentemente nos lleva a un final, a la necia extinción humana. Pero si se
quiere curar la enfermedad autoinfligida se debe levantar la bandera de la vida y forzar
la transición a un nuevo paradigma en el que prevalezca la vida. No es una cura solo
individual sino colectiva, debe ser la voluntad de las masas el detener el capitalismo y
finalmente anteponer la existencia humana a la antigua lógica de la ganancia salvando la
vida del planeta.
Referencias
“Harari, Y. N.(2014). Sapiens: De animales a dioses.”
Petro, G. (2025, 23 de septiembre). Intervención del presidente Gustavo Petro ante la
asamblea 80° periodo ordinario de sesiones de la asamblea general de las Naciones
unidas. https://www.presidencia.gov.co/prensa/video/Paginas/Video-Intervencion-del-
Mientras leía este texto, me llamó mucho la atención cómo se logra unir algo tan antiguo como la Revolución Neolítica con los problemas que enfrentamos hoy. Me hizo pensar que esa transición del ser humano hacia la agricultura no solo transformó nuestra forma de vivir, sino que también dejó una herencia que seguimos cargando: la obsesión por acumular. Me gustó cómo se muestra que lo que empezó como un avance terminó convirtiéndose en una amenaza para la vida misma. Su reflexión me deja con la sensación de que la humanidad necesita otra revolución, una que no busque producir más, sino vivir mejor y en equilibrio con el planeta.
ResponderBorrarEs sencillamente sublime el como se logra conectar la revolución del neolítico con Gustavo Petro, y hacerlo de manera coherente. Una reflexión que destaca por su revolucionario caracter, y por señalar las falencias del sistema de clasificación histórico, y las versiones de la Historia que tenemos disponibles. Se divaga un tanto en preguntas filosóficas existencialistas, lo cual no está de más, considerando el tema. Es interesante como algunos autores logran introducir la política en los lugares más insospechados.
ResponderBorrarConsidero que el texto no logra relacionar correctamente las “falencias” de neolítico con las realidades actuales; ya que los contextos son extremadamente opuestos y no poseen punto de contrastación histórica y material. La etapa del neolítico no se da de forma intencionada por los humanos de aquellos milenios atrás, sino que procede de un proceso gradual y complejo que no se dio de la misma forma en todos los territorios, y que por consiguiente no puede determinarse como un “error” al no ser procedente de una especie avanzada (como la de hoy día).
ResponderBorrarConsiderar que los excedentes es la fuente de todos los males de la sociedad actual, enalteciendo lo que le predecía, es romantizar el actuar del humano antes de que se dieran los excedentes; pues al igual que la caza y la agricultura, y de los mismos los excedentes, se dieron de forma no intencionada, sino por un instinto de supervivencia animal. Esta romanización del pre-neolitico, deja a un lado las dinámicas conflictivas que existían entre las diferentes comunidades que la componían; en las cuales las jerarquías sociales entre cazadores ya existían y que, generaban fuertes tensiones y provocaciones a las guerras entre comunidades.
Finalmente, aunque considero que el presidente Gustavo Petro tiene razón en su discurso de la ONU, pero la interpretación dada por la autora esta viciada hacia querer comprobar su tesis, pues la quema de fósiles y los cambios climáticos realmente relevantes por la actividad humana data de unos 200 a 250 años hacia atrás, y no 10.000 años.