jueves, 6 de noviembre de 2025

De pensar con el bolsillo a vivir con el alma, es hora de ponerle corazón a la economía

Mariana Ramos Martinez


Cuando la economía deje de ser solo plata

Desde hace siglos la economía ha demostrado que el valor de la vida se mide en billetes y esto me hace pensar que la economía es como una relación tóxica, algo que a veces nos hace daño y queremos seguir ahí, dando oportunidades tras oportunidades. Toda nuestra vida gira en torno a ella, desde los sueños hasta los trabajos y las risas, entonces uno piensa, ¿será que no hay otra forma de vivir que no sea sufriendo por no tener dinero? Este ensayo es una reflexión para aterrizar la cabeza y ver hacia dónde va el sistema económico y si todavía hay alguna forma de inventarnos o ingeniarse un sistema que no nos consuma por dentro. Si uno mira para atrás, la historia económica ha pasado por muchos sistemas: feudalismo, capitalismo, socialismo, etc, cada una prometiendo cambios y mejoras, prometiendo un paraíso, pero el hambre, las desigualdad y  las problemáticas del mundo siguen vigentes cada dia aun mas, asi que la idea es ir alejando este modelo actual y empezar a fabricar ideas nuevas que en el futuro generen riqueza pero a la vez un bienestar. 


Este sistema actual está tan obsesionado con producir y vender y vender que se les está olvidando vivir, desde que los humanos tenemos uso de razón vemos por todas partes que según el exito es tener y no es ser o que si no generas plata no vales nada y estos factores causan cansancio y daños, sobre todo en los jóvenes, sin embargo las nuevas generaciones·ya no se están tragando el cuento de que así funciona la economia, asi que hay que aprovechar y dejar de pensar en un nuevo sistema como algo lejos de este presente y empezar a construirlo y hacerlo realidad, desde lo local.     Debemos imaginarnos una economía que se mueva con base en la confianza, la cooperación y donde el éxito no se mida por cuanto es que se tiene si no por cuanto es que una persona da, una economía que ponga primero a las personas y al planeta y que el propósito sea lograr un equilibrio entre el desarrollo económico y el progreso social.


El cambio real está en actos pequeños, solo es dejar de ver la plata como si fuese un DIOS o como si te fueses a morir si no tienes mucha, la idea es verla como una herramienta de progreso pero sin matarnos la cabeza, necesitamos redistribuir, reducir, representar y diseñar sistemas de cuidado integrales, necesitamos priorizar el bienestar y abordarlo en la economía de forma directa para que el esfuerzo de este cambio no esté destinado a fracasar de ninguna manera, necesitamos el derecho a cuidar y a ser cuidados, necesitamos una economía que sí se preocupe por el crecimiento y que asimismo avance de buena forma, pero que a la vez no sea esclava de ello, debemos ir disminuyendo poco a poco la economía del agotamiento, romper esta barrera y ir hacia donde nos toca, una economía 2.0 donde despertemos. 


En conclusión, no se trata de borrar lo malo, se trata de aprender de ello y de construir algo justo, algo humano, algo que nos de progreso pero que nos haga sentir vivos, la nueva economía que se propone en este ensayo no es una que venga directamente del billete, del dinero, si no que venga del sentido humano donde se alimente de empatía.

El futuro de esto no va a ser similar a algo que ya hayamos visto, si no a cosas nuevas e innovadoras, ya los humanos están cansados de esperar y de promesas que nunca pasaron ni van a pasar y ya han sido bastante los sacrificios que ha hecho la humanidad sin recibir casi nada a cambio, este sistema que saldrá adelante no solo requiere medirse en el PRODUCTO INTERNO BRUTO sino en horas de descanso justas, y esto sí que suena tierno pero también es inminente, así que tomemos la economía, entendamos la, entendamos el bienestar económico y transformemos esta a nuestro favor, poner la economía al servicio de la vida y no la vida al servicio de la economía hará que el planeta tenga mil formas de vivir mejor sin dañarlo, lo cierto es que ya no basta con solo estar hablando, hay que ir haciéndolo real, porque si algo he aprendido en Colombia, es que aunque el camino sea duro, siempre hay forma de pararse, afrontar y volver a empezar.

Referencias

Anchia, A. (27 de octubre de 2022). Economía del bienestar. Ministerio de agricultura y ganadería de Costa Rica.  https://www.mag.go.cr/proyectos/Agricultura-Familiar/Red-Costarricense-Agricultura-Familiar/ECONOMIA%20DEL%20BIENESTAR.pdf

 Diaz, A, Rodriguez, B., (22 de octubre de 2024). Porque dar prioridad a la economía del cuidado es clave para el crecimiento y el bienestar. World economic forum. https://es.weforum.org/stories/2024/10/por-que-cuidar-la-economia-del-cuidado-es-clave-para-el-crecimiento-y-el-bienestar/

Prihantoro, A. (25 de octubre de 2024). Una economía esclava del crecimiento esta creando una crisis de salud mental, asegura un experto. Noticias onu (UN news)  https://news.un.org/es/story/2024/10/1533781

10 comentarios:

  1. Siento que este ensayo pone en palabras algo que muchas personas vivimos todos los días: la economía se ha convertido en el centro de la vida, al punto de que terminamos valorándonos según cuánto producimos o cuánto tenemos. Aquí se plantea la necesidad de imaginar un sistema distinto, uno que no nos desgaste ni nos obligue a correr detrás del dinero como si fuera lo único importante. La reflexión insiste en que una economía más humana y cuidadora sí es posible, siempre y cuando se construya desde lo local, desde lo cotidiano y desde la cooperación. Más que eliminar todo lo anterior, se trata de transformar la forma en que entendemos el bienestar, para que la economía esté al servicio de la vida, y no al revés.

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  2. Esto me pone a reflexionar sobre la forma de pensar de cómo es la economía de pensar de que si es solo una herramienta de control o si acaso es algo que mejora la vida de las personas en su cotidianidad hay un ejemplo de cómo lo describe con una relación tóxica de que si nosotros seguimos ahí porque de verdad hay cariño amor pero me pone a pensar que esto es más como un ciclo de consumo porque entre más sigamos aferrados a esa persona es por la necesidad de querer o de amarla pero en el caso es que no es ese el caso es que en el sistema económico se sabe que es autista porque digamos hay ideales que no son realmente ciertos y no se ven en la actualidad pero lo que se busca es un mejor sistema económico que pueda priorizar el bienestar de las personas el igual sus intereses sociales y demás con eso pues me ponen a pensar si acaso debemos mejorar algún sistema económico o crear uno nuevo donde enfatice esto

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  3. Es un hecho que la economía, con el pasar del tiempo, se ha alejado cada vez más de su componente humanístico, reduciendose a conceptos abstractos y matemáticos, cuando lo que realmente importa, como nos explica la autora, es el componente humano, aquél componente que tiene sueños, que tiene miedos, que sufre el hambre y se alegra con la abundancia. Ese sujeto debe ser el objetivo primordial de la economía.

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  4. El texto presenta una reflexión profunda y emocional sobre la relación problemática entre la economía moderna y la vida humana, utilizando una metáfora inicial potente: “la economía es como una relación tóxica”. Esta comparación resulta efectiva porque permite expresar, de manera cercana y comprensible, la sensación de desgaste y dependencia que muchas personas experimentan dentro del sistema económico actual. Sin embargo, aunque la metáfora abre una puerta interpretativa valiosa, el argumento a veces se apoya más en impresiones subjetivas que en fundamentos conceptuales más desarrollados, lo que limita su fuerza crítica.

    Una de las ideas centrales del texto es que “el valor de la vida se mide en billetes” y que el éxito en la sociedad contemporánea se ha reducido a la capacidad de producir, consumir o generar ingresos. Este planteamiento es pertinente y dialoga con críticas modernas al capitalismo, especialmente aquellas que denuncian el agotamiento emocional, la precariedad laboral y la mercantilización de casi todos los aspectos de la vida. No obstante, el análisis podría enriquecerse si conectara esta crítica con teorías económicas o sociológicas que ya han problematizado estas dinámicas, como la economía del bienestar, la teoría del decrecimiento o los estudios sobre burnout y productividad.

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  5. Siento que este texto me toca porque señala algo que todos intuimos pero pocas veces decimos sin miedo: la economía, tal como la vivimos, se ha vuelto una especie de religión triste que exige sacrificios diarios sin prometer ningún paraíso real. La autora logra, con honestidad y con una voz que vibra desde lo cotidiano, recordar que la vida no puede seguir reduciéndose al cansancio de producir. Su propuesta de una economía basada en cuidado, cooperación y bienestar suena casi utópica, pero tal vez ahí está su fuerza: en recordarnos que lo humano sigue siendo una reserva de sentido que el sistema aún no ha logrado devorar.

    Si algo deja este ensayo es la sensación de que el verdadero cambio no nace de una gran estructura, sino de un acto interior: dejar de creer que valemos por lo que ganamos. Hay un gesto profundamente político en esa renuncia. Quizá lo único que le falta al texto es empujar un poco más la pregunta filosófica que late en sus líneas: ¿qué significa vivir bien en un mundo que nos enseñó a sobrevivir? Pero aun así, su llamado es claro: poner la economía al servicio de la vida. Y en tiempos donde casi todo nos empuja al desencanto, esa afirmación es ya un pequeño acto de resistencia.

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  6. Es divertido leer que a su análisis le pone corazón y rabia. La comprensión de la economía como "relación toxica" es bastante certera. Me agrada la forma en la cual focaliza el desencanto de una generación que ya no cree el cuento del éxito es igual a dinero y como propone en cambio, una economía del cuidado donde lo que importa sea "cuanto das" y no "cuanto tienes". El llamado a actuar desde lo local, me parece muy poderoso.

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  7. Este ensayo transmite una reflexión muy sincera sobre cómo la economía ha terminado ocupando un lugar tan grande en nuestras vidas que a veces parece una relación que desgasta más de lo que ayuda. A lo largo del texto se siente una preocupación real por la forma en que distintos sistemas económicos han prometido cambios sin lograr resolver las desigualdades más profundas, lo que abre la puerta a la necesidad de imaginar algo distinto. También es muy valioso cómo señalas el impacto emocional de vivir en un modelo que mide todo en productividad y dinero, especialmente para los jóvenes que ya no quieren seguir ese ritmo. Sin embargo, el ensayo no se queda en la queja; propone una economía más humana, basada en el cuidado, la cooperación y un equilibrio real entre el crecimiento y el bienestar. El cierre, con esa esperanza que nace de la experiencia de vivir en Colombia, le da al texto un tono cálido y auténtico, recordando que los cambios grandes empiezan por decisiones pequeñas y por la certeza de que la economía debería estar al servicio de la vida, y no al revés.

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  8. En pocas palabras, siento que el texto nos quiere dar a entender, o mejor dicho me dio a entender a mi como lector, que literalmente en todo en la vida influye el dinero, como se diria coloquialmente van cogidos de la mano, entonces de esta manera la relacion que la economia tiene con la vida cotidiana es bastante significativa, un consejo para quienes lo quieran tomar es como dice la autora de este texto seria intentar una vida con mas autenticidad para que asi se pueda generar mas conciencia en la economia y la autonomia de cada quien

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  9. Este ensayo tiene una energía muy auténtica y directa que me gustó mucho. Usas un lenguaje cercano que hace sentir que estás hablando desde el corazón, y eso le da mucha fuerza al mensaje. La comparación de la economía con una relación tóxica está muy bien lograda y ayuda a entender cómo nos afecta en la vida cotidiana. También me pareció muy inspirador cómo invitas a imaginar una economía más humana, basada en el cuidado y el bienestar, no solo en el dinero. El cierre con esperanza y desde lo local le da un toque muy motivador.

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  10. La lógica del dinero ha colonizado la vida cotidiana y desplazado dimensiones esenciales del bienestar humano, lo que permite leerlo como una invitación a repensar la economía desde un enfoque más humano y menos mecanicista. La autora resalta que los modelos históricos del feudalismo al capitalismo han prometido progreso, pero no han logrado erradicar problemas estructurales como la desigualdad o el agotamiento social, y esa observación es coherente con discusiones actuales sobre economía del bienestar y sobre los límites del crecimiento. Desde una perspectiva económica, el texto acierta al denunciar que la obsesión por producir y consumir reduce al individuo a un agente cuya valía se mide por ingresos y productividad, generando costos emocionales, sociales y ambientales que no suelen reflejarse en indicadores tradicionales como el PIB. Además, la propuesta de “ponerle corazón a la economía” no debe entenderse como un llamado ingenuo, sino como un recordatorio de que los sistemas económicos son construcciones sociales susceptibles de transformarse mediante decisiones colectivas; en ese sentido, la idea del texto acierta al señalar que el cambio comienza desde lo local y desde pequeñas acciones que reconfiguran prioridades. Su planteamiento de una economía 2.0 basada en bienestar, descanso justo, diseño de cuidados y sostenibilidad dialoga con corrientes heterodoxas que buscan reducir la centralidad del capital y posicionar la vida como eje del sistema.

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