Samuel Sebastian Jojoa Madroñero
A lo largo de la historia, las evoluciones económicas han sido inspiradas por grandes revoluciones que modificaron la forma en que el ser humano produce, se organiza con su entorno. Desde la Revolución Neolítica hasta la era digital (HEG), cada cambio trae consigo ventajas como avances notables en el tema estructural, pero también desventajas como nuevas desigualdades y tensiones sociales. El punto de esto es teniendo en cuenta las revoluciones estudiadas anteriormente (HEG), dar crítica a la historia del sistema económico y ver si hay futuro de la economía mundial.
Podemos decir que la Revolución Neolítica marcó el paso de sociedades nómadas y recolectoras a comunidades agrícolas y sedentarias. Este cambio permitió el surgimiento del excedente, la propiedad privada y las primeras jerarquías sociales. Como afirma Sachs (2015), “la agricultura dio origen a la civilización, pero también al dominio de unos sobre otros” (p. 15).
La domesticación de plantas y animales trajo estabilidad alimentaria, pero esto generó dependencia del territorio y concentración del poder. Aparecieron las primeras formas de intercambio y acumulación, bases del sistema económico. La revolución agrícola fue el inicio del progreso humano y de la desigualdad estructural al garantizar el control de los recursos.
Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma (Las civilizaciones antiguas) fortalecieron el comercio, la moneda y el Estado como pilares económicos. En ellas se articularon las primeras redes comerciales y los sistemas tributarios centralizados. Marx (1867) observó que en este periodo “el trabajo esclavo fue la base material sobre la que descansó el esplendor de la Antigüedad” (p. 102), revelando cómo el progreso dependía de la explotación de otros seres humanos.
La concentración de riqueza generó sociedades altamente jerárquicas. Pero, también surgieron ideas sobre justicia, ciudadanía y leyes económicas. Estas civilizaciones transfirieron la idea de que el orden social debía sostener el orden económico, principio que aún hoy define a los Estados modernos.
Hay que resaltar que entre los siglos XV y XVII, las exploraciones marítimas europeas abrieron una nueva era económica, el comercio transoceánico y la acumulación colonial. Este proceso dio origen al capitalismo mercantil y a la expansión del mercado mundial. Según Piketty (2014), este fue “el primer momento de globalización económica, marcado por una desigual distribución de beneficios entre el Norte y el Sur” (p. 67).
“Las riquezas extraídas en dichas exploraciones” (especias, HEG), impulsaron el desarrollo industrial de Europa, pero a costa de la esclavitud, el saqueo y la subordinación de otros pueblos. Resaltar que las Exploraciones instauró la lógica del crecimiento ilimitado y la competencia global, principios que siguen dominando el sistema económico actual.
Pasemos a la revolución científica transformó la manera en que el ser humano comprendía la realidad. La ciencia moderna trajo consigo una nueva relación entre conocimiento y poder económico. Descartes (siglo XVI - XVII) y Bacon (siglo XVI - XVII) defendieron el dominio de la naturaleza mediante la razón y la experimentación, lo que impulsó la técnica y la productividad. Sin embargo, esta revolución también separó al ser humano de su entorno, al concebir la naturaleza como un objeto de explotación. Como señala Sachs (2015), “la visión mecanicista del mundo permitió el progreso industrial, pero también el divorcio entre desarrollo y sostenibilidad” (p. 44).
La ciencia se convirtió en fuerza productiva al servicio del capital, preparándose para la Revolución Industrial. Con ella, el conocimiento se utilizó como una herramienta y dejó de buscar sabiduría para convertirse en motor de rentabilidad.
De acuerdo con lo anterior podríamos decir que la Revolución Industrial transformó definitivamente el sistema económico mundial. Además hoy en día las máquinas, la energía y la producción en masa multiplicaron la riqueza, pero también explotaron la fuerza laboral. Marx (1867) describió este fenómeno como la transición del “trabajo vivo” al “trabajo muerto” (p. 233), donde el capital sustituye al hombre como sujeto de la historia. Y el capitalismo industrial se consolidó con el desarrollo del transporte, la comunicación y la banca. Stiglitz (2019) advierte que “el capitalismo contemporáneo ha dejado de servir a la mayoría para concentrarse en los intereses de una minoría global” (p. 55). También la revolución industrial podemos identificarla fácilmente porque está basada en la inteligencia artificial desplazando trabajadores y concentrando poder en corporaciones tecnológicas.
Según la historia revela que cada revolución económica ha ampliado las posibilidades humanas, pero también las desigualdades y es por eso hay que reflexionar hacia donde apunta nuestro futuro económico y social. El desafío del siglo XXI (Actualidad) consiste en construir una economía humana, solidaria y ecológica, pero esto es cada más difícil por la IA porque cada vez que la usamos nos vuelve más dependientes a ella, esto hace que el mundo económicamente cada vez es más mecánico y tecnológico, y socialmente diría que llegará un día que dependamos tanto de ella, que ya nos podríamos pensar por nuestra cuenta lamentablemente.
En fin, el sistema económico ha sido una construcción humana llena de promesas y contradicciones. Cada revolución aumentó las capacidades del ser humano, pero también surgieron aquellos que controlan los medios de producción y quienes sólo participan del sistema como consumidores o trabajadores. Para mi el futuro depende de una sociedad más equitativa y sostenible, debemos atrevernos a redirigir la economía hacia la vida, no hacia el beneficio (poder). Pero como vamos lo veo difícil de lograr.
Referencias
Marx, K. (1867). El capital: crítica de la economía política. Siglo XXI Editores.
https://biblioteca.ciesas.edu.mx/wp-content/uploads/2024/01/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol-1.pdf
Piketty, T. (2014). El capital en el siglo XXI. Fondo de Cultura Económica.
https://fce.com.ar/wp-content/uploads/2020/11/PikettyECSXXI.pdf?srsltid=AfmBOorXL1qb7SDldLKJwPLdlp-1ind1_8HU1iKrlWuQMN4bY-gn30Ab
Sachs, J. D. (2015). La era del desarrollo sostenible. Deusto.
https://proassetspdlcom.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/31/30978_La_era_del_desarrollo_sostenible.pdf
Sen, A. (1999). Desarrollo y libertad. Editorial Planeta.
Stiglitz, J. E. (2019). Gente, poder y ganancias: capitalismo progresista para una era de descontento. Taurus.https://www.inep.org/images/2025/TXT/2020-Stiglitz-Capitalismo_progresista.pdf
Toynbee, A. (1951). Estudio de la historia. Fondo de Cultura Económica.https://www.arsvitalis.es/wp-content/uploads/2019/12/Estudio-de-la-Historia-Toynbee.pdf
Sánchez, C. (24 de enero de 2020). Referencias APA. Normas APA (7ma edición). https://normas-apa.org/referencias
El ensayo plantea una mirada bastante clara sobre cómo la economía ha ido cambiando con el paso del tiempo y cómo el capitalismo, aunque ha impulsado avances gigantescos, también ha dejado una lista larga de problemas sin resolver. Algo que destaca del texto es que no solo se limita a contar la historia, sino que intenta conectar lo que pasó antes con lo que está ocurriendo hoy, especialmente con la economía digital y la inteligencia artificial. Esa conexión vuelve el ensayo mucho más interesante, porque ayuda a entender que lo que vivimos ahora no aparece de la nada, sino que es el resultado de decisiones, errores y aciertos de siglos anteriores. otra parte importante es que el texto nos permite reflexionar sobre el rol que le estamos dando a las inteligencias artificiales, pues, en lugar de hacer un buen uso de ellas, la sociedad se volviendo cada vez más dependiente de las mismas, es decir, ya no les afana crear un pensamiento crítico, no les preocupa los problemas sociales, se encuentran en una burbuja, donde todo se obtiene de manera fácil y las únicas noticias que se leen y analizan son las que le convienen a ciertas personas, y pues estas noticias son difundidas a través de plataformas digitales que son controladas por los más poderosos económicamente
ResponderBorrarLa tecnología promete resolver problemas profundos, pero al mismo tiempo nos deja frente a un futuro donde corremos el riesgo de ceder demasiado control, permitiendo que las máquinas definan ritmos y decisiones que antes eran humanas. Sin embargo, así como las revoluciones del pasado exigieron replantear la forma de organizarnos, este momento también requiere una reflexión seria. Como nos dice el autor del ensayo, la economía no puede seguir creciendo a costa de las personas ni del planeta. Si de verdad queremos que la IA sea una aliada y no un sustituto de la humanidad, debemos orientar su uso hacia un modelo económico más equilibrado, donde el progreso técnico vaya acompañado de responsabilidad, justicia y sostenibilidad.
ResponderBorrarEs muy interesante este ensayo, ya que señala tanto las ventajas como el progreso, la organización y el aumento de capacidades humanas, como las desventajas, que casi siempre se traducen en desigualdad, concentración de poder y explotación. Me parece muy acertado cómo muestras que las civilizaciones antiguas, las exploraciones marítimas, la revolución científica y la Revolución Industrial fueron pasos que ampliaron las posibilidades del ser humano, pero también dejaron huellas de injusticia y tensiones sociales. En conclusión, este ensayo invita a pensar que el futuro económico y social no puede seguir solo la lógica del beneficio y la competencia, sino que debe buscar ser más equitativo, solidario y ecológico.
ResponderBorrarEl texto logra recorrer de manera coherente y reflexiva las grandes transformaciones económicas de la humanidad, mostrando cómo cada revolución —de la neolítica a la digital— ha impulsado avances significativos, pero también ha ampliado desigualdades y formas de dominación. A través de referencias teóricas precisas, se evidencia que el sistema económico no es natural, sino una construcción histórica marcada por decisiones políticas, jerarquías y relaciones de poder. Asimismo, se plantea una preocupación pertinente sobre el impacto actual de la inteligencia artificial, la creciente dependencia tecnológica y el riesgo de que el progreso se desconecte de la justicia social. En conjunto, el texto invita a repensar críticamente el rumbo del sistema económico y a cuestionar si el futuro podrá orientarse hacia la equidad y la sostenibilidad, o si continuará profundizando sus tensiones estructurales.
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