Holly Nicol Palomino Penagos
Durante la historia, la economía ha sido un reflejo de la sociedad, cada cambio
tecnológico influido en la forma en la que los seres humanos vivimos, ha cambiado
la forma en la que se trabaja, se produce, y nos relacionamos; Actualmente nos
encontramos en una era digital donde el mundo vive una transformación de forma
silenciosa, donde el poder ya no se define partiendo de la propiedad de las
fábricas, ahora se define por la propiedad de los datos y control de información.
Todo esto conocido como el Capitalismo de la Vigilancia y Capitalismo digital,
donde la vida cotidiana es transformada en un producto, algo que nos pone a
pensar sobre el futuro socioeconómico, visibilizando críticamente el pasado
histórico.
En la era digital, cada interacción humana deja un tipo de rastro que puede ser
guardado o almacenado ya sean gustos, preferencias o hábitos e incluso
emociones, por consiguiente, esta información es analizada para predecir y dirigir
nuestro comportamiento o finalmente ser vendida. Como plantea Shoshana Zuboff
(2019), este modelo económico (capitalismo de la vigilia) se sustenta en la
apropiación de datos personales para generar beneficios corporativos,
transformando la experiencia humana en una fuente de lucro. Hoy las plataformas
tecnológicas tienen la capacidad de capturar nuestras decisiones y emociones,
esto lo hacen porque obtienen beneficios ante el seguimiento constante de las
personas y es algo que genera nuevas formas de control social, quizás un control
social silencioso, del que algunos entienden y pocos quieren hablan.
Podemos observar una viva representación del cambio en la lógica del
capitalismo, cuando anteriormente se explotaba la fuerza de trabajo, hoy en día se
explota la atención y la información. No recibimos nada a cambio cuando
interactuamos en redes e inconscientemente producimos valor sin obtener
remuneración ni compensación. Como lo advierte Yuval Noah Harari (2021)
Quienes crearon las primeras redes sociales pensaron que ayudarían a la
humanidad, liberándola y fortaleciendo las democracias. Ahora sabemos que
también puede herir a las personas y establecer dictaduras digitales. Es claro que
la tecnología es una herramienta de doble filo cuando no existe limitación ni
conciencia también que en la actualidad el conocimiento suele concentrarse en
pocas manos desde que empezamos a ser una sociedad más vigilada.
No podemos negar que el capitalismo digital ha traído consigo avances en
comunicación, ciencia y rendimiento, pero también nos lleva a reflexionar sobre la
desigualdad, puesto que una minoría es dueña de miles de datos, riquezas y tiene
poder económico, político, social; La mayoría de las personas se someten a
empleos limitados e inestables, en este punto podemos hablar sobre la economía
de plataformas que según Marbella y Arecco (2021) consiste en el desarrollo de
actividades económicas a través de la intermediación de una plataforma digital.
Existe una gran parte de la población que depende de este tipo de empleos, esto
es algo que podemos observar día a día, desde que nos transportamos utilizando
la plataforma DIDI pasajero, hasta cuando solicitamos comida por medio de la app
RAPPI. Este modelo, aunque es innovador mantiene los mismos problemas de
explotación e inequidad de los sistemas anteriores, la digitalización crea una
dependencia hacia la tecnología, donde en aplicaciones como Tiktok algunas
veces son los algoritmos los que deciden que creemos, que pensamos y que
compramos. Por otra parte, la automatización y la IA plantean un problema ético
que gira entorno al trabajo, pues es posible que cuando las maquinas realicen la
mayoría de las tareas exista una destrucción masiva de empleo, la otra cara de la
moneda es la oportunidad que ve Rifkin donde producir cueste cada vez menos, él
plantea que entramos en una tercera revolución industrial donde se combinan,
energías renovables, internet, IA, y pasamos de poseer a compartir; producir no
dependerá del sacrificio humano sino de la inteligencia colectiva (Lastra Lastra,
2017).
Frente a la crisis ambiental, ética y social del capitalismo contemporáneo, varios
autores enuncian modelos económicos más sostenibles y solidarios, como la
Economía del bien común, donde el éxito se mide por la contribución al bienestar
social y ecológico, Felber (2011); como la economía circular que tiene como
objetivo reducir el desperdicio y darles provecho a los recursos de una manera
sostenible. Hay un paradigma que rompe la idea del progreso material y propone
una convivencia basada en la cooperación, respeto y cuidado de la vida, este es el
pensamiento del Sumak Kawsay o buen vivir, un concepto retomado por Acosta
(2013), que invita a considerar el desarrollo como equilibrio entre los seres
humanos y la naturaleza. En cuanto al ámbito digital, nace el cooperativismo
digital que propone plataformas gestionadas por sus propios trabajadores o
usuarios, donde la tecnología no sirve para vigilar más que para colaborar, estas
opciones existen en proyectos comunitarios, empresas sociales y redes de
intercambio que funcionan fuera de la lógica de la disputa permanente.
Finalmente el futuro del sistema económico dependerá de si la humanidad tiene la
posibilidad de sujetar la tecnología con la ética, si bien el capitalismo industrial
tuvo una organización hacia el trabajo, el capitalismo digital lo hizo en torno a los
datos, aunque si algo aprendimos de la historia, es que siempre cambia porque
ningún sistema ha sido eterno, por lo tanto la economía que viene debe lograr
combinar la innovación con la igualdad social, la ética, el conocimiento y respeto a
la vida. Es posible que lo mas importante sea humanizar la tecnología, poniendo
en el centro a las personas, no a las maquinas, así se lograra una economía que
no vigile, no excluya, que no mida el éxito por la riqueza, al contrario, será una
economía que libere, integre, valore la dignidad de quienes tienen riqueza.
REFERENCIAS
Acosta, A. (2013). El Buen Vivir. Sumak Kawsay: una oportunidad para imaginar
otros mundos [PDF]. Icaría. https://n9.cl/3usnv
Felber, C. (2011). La economía del bien común: reseña [PDF]. Economías
Sostenible. https://n9.cl/vppod
Lastra Lastra, J. M. (2017). Rifikin, Jeremy, La Tercera Revolución Industrial.
Boletín Mexicano de Derecho Comparado, 50(150). https://n9.cl/pusy5k
Lucas, R. (2020, noviembre-diciembre). Capitalismo de Vigilancia. Nueva
Sociedad, (290). https://n9.cl/78xbv
Marbella, O. A., & Arecco, C. A. (2021, junio). Economía de plataformas y el
mercado laboral (Indicadores de Actividad Económica No. 168). Fundación
Bolsa de Comercio de Bahía Blanca. https://n9.cl/6hdu6e
Redacción. (2021, 15 de noviembre). “Las nuevas tecnologías pueden crear el
cielo o el infierno. Pero no estamos seguros de cual es cual”. Reason Why.
https://n9.cl/3szfs
Este ensayo nos muestra cómo la economía digital cambió la forma en que vivimos: ahora nuestra atención y nuestros datos se volvieron el recurso más valioso. Sin darnos cuenta, cuando usamos redes estamos entregando información que después se usa para influir en nosotros. Eso crea una forma de control silenciosa.
ResponderBorrarAunque la tecnología ha traído avances, también ha aumentado la desigualdad, porque solo unos pocos son dueños de los datos y del poder. Por eso se habla de alternativas que pongan la vida y la comunidad primero. Tal vez, al final el reto es usar la tecnología para cuidarnos, no para vigilarnos.
Este proyecto me permitió entender con mucha más claridad que el capitalismo digital no es solo “más tecnología”, sino una nueva forma de control y de poder basada en los datos y en la vigilancia constante. Siento que el texto muestra bien ese cambio de lógica: antes se explotaba sobre todo la fuerza de trabajo, ahora se explota nuestra atención, nuestras emociones y nuestra información personal. Retomar a Zuboff y Harari me ayudó a ponerle nombre a cosas que vivimos todos los días en redes sociales y plataformas, pero que casi nunca cuestionamos: producimos valor sin darnos cuenta, mientras unos pocos concentran datos, riqueza y poder.
ResponderBorrarTambién valoro que el ensayo no se quede solo en la crítica, sino que abra la puerta a alternativas como la economía del bien común, la economía circular, el Sumak Kawsay y el cooperativismo digital. Eso le da un tono esperanzador: muestra que no estamos condenados a un futuro de vigilancia y desigualdad, siempre y cuando seamos capaces de sujetar la tecnología con la ética y de poner en el centro la vida y la dignidad de las personas. En el fondo, el mensaje con el que me quedo es que el desafío no es solo tecnológico, sino profundamente humano: decidir si la economía digital será una herramienta de control o una oportunidad para construir una sociedad más justa, solidaria y consciente.
El texto presenta una reflexión nítida acerca de cómo el capitalismo digital ha cambiado la economía y la vida diaria. Demuestra cómo los datos, la supervisión y los algoritmos se han transformado en nuevas manifestaciones de poder, produciendo ventajas, pero también desigualdad y control encubierto. Se indica que la atención y la información son actualmente los recursos más utilizados, lo que impacta en el trabajo, las relaciones y la autonomía de los individuos.
ResponderBorrarEl estudio también identifica los avances tecnológicos, sin embargo, alerta sobre peligros como la precarización del empleo, la acumulación de poder y la creciente dependencia de las plataformas digitales. Ante esta situación, surgen opciones más sostenibles y humanas, como la economía del bien común, la economía circular y el cooperativismo digital.
En suma, el texto sugiere reflexionar sobre un futuro económico en el que la tecnología sea dirigida por principios éticos y el bienestar común, subrayando que el auténtico reto es situar a las personas en el núcleo de la transformación.
Es agradable como la autora da esa evolución del capitalismo, desde las fabricas a las plataformas. El texto es una alerta sobre como hemos normalizado el ser productos gratuitos en las redes sociales para el capitalismo de vigilancia. Me gusto como equilibro la critica y esperanza; reconoce el potencial liberador de Rifkin y el cooperativismo digital, pero sin ilusiones fáciles.
ResponderBorrarEste texto ofrece una reflexión muy necesaria sobre cómo la tecnología ha transformado silenciosamente nuestra vida económica y social, mostrando que ya no es la fuerza física ni la propiedad de fábricas lo que define el poder, sino el control de los datos y de la información que generamos sin darnos cuenta. El autor logra conectar de manera crítica cómo este capitalismo digital convierte nuestra atención y nuestras emociones en mercancía, creando nuevas formas de desigualdad y dependencia que muchas veces pasan desapercibidas. También señala con acierto que, aunque la tecnología ha traído avances importantes, ha profundizado problemas viejos como la explotación laboral, ahora disfrazada bajo plataformas modernas, y ha abierto debates éticos sobre el trabajo, el control social y el impacto ambiental. Aun así, el texto no se queda en la crítica: plantea alternativas más humanas y solidarias, recordando que la economía del futuro tendrá sentido solo si logramos poner a las personas por encima de los algoritmos y si la innovación va acompañada de ética, justicia y conciencia social.
ResponderBorrarEste texto me dio mucho que pensar, al imaginarme que de verdad tienen toda nuestra información y que aunque sea seguro, se sigue desconfiando bastante de esto, y mas en este tema como lo economico pues confias en que en tu celular hay dinero virtual, o en tu tarjeta, ya que ahora como todo es tan moderno pues nadie carga efectivo (grave error) no hay que dejar de ser desconfiados.
ResponderBorrarMe parece llamativo cómo la autora explica la transformación del capitalismo, desde la época de las fábricas hasta el dominio de las plataformas digitales. El texto funciona como una advertencia sobre cómo hemos aceptado sin pensarlo que nuestras acciones en redes sociales se conviertan en “materia prima” gratuita para este modelo de vigilancia. También me pareció muy bueno el equilibrio que logra entre la crítica y la esperanza: reconoce las posibilidades que plantea Rifkin y el cooperativismo digital, pero sin caer en expectativas ingenuas.
ResponderBorrarLo que más me transmite este texto es la importancia de devolverle sentido humano a la tecnología y a la economía. Me hace pensar que, si logramos poner a las personas por encima de las máquinas, podemos construir un modelo que no controle ni excluya, sino que respete y acompañe. La idea de una economía que valore la dignidad antes que la riqueza me parece profundamente esperanzadora, porque invita a imaginar un futuro donde todos podamos vivir con libertad, respeto y oportunidades reales.
ResponderBorrarEste análisis me parece muy completo y actual porque refleja cómo la digitalización, aunque trae innovación, no elimina las problemáticas históricas de explotación y desigualdad. Me preocupa la dependencia tecnológica y el riesgo que supone la automatización masiva para el empleo, pero también veo con esperanza la propuesta de Rifkin sobre una revolución industrial basada en la colaboración y el uso de energías renovables. Me gustan las alternativas como la economía del bien común, la economía circular y el buen vivir, que ponen en el centro la cooperación y el respeto por la naturaleza. Creo que el futuro económico debe apostar por humanizar la tecnología, priorizando la ética, la igualdad y la dignidad, para crear un sistema que libere y una en lugar de vigilar y excluir.
ResponderBorrarEste ensayo nos muestra una realidad de lo que hacen las personas que manejan detrás de las pantallas nuestros datos, nuestra información, lo que sentimos, lo que pensamos, es importante que como seres humanos empecemos a despertar en este mundo que se está digitalizando y tomemos conciencia de ello, que no nos dejemos manipular por la tecnología, las tendencias, las redes sociales, etc., es importante que nuestro mundo siga siendo humano y que haya un progreso justo en nuestra sociedad sin una gran dependencia a la tecnología, que mas bien sea nuestra aliada.
ResponderBorrarLa transición del capitalismo industrial al capitalismo digital, mostrando cómo la economía, lejos de ser un sistema estático, se reconfigura constantemente alrededor de aquello que se convierte en el principal recurso de cada época: antes la fuerza de trabajo y hoy los datos personales. Al señalar que el capitalismo de la vigilancia ha transformado la vida humana en un insumo productivo, donde cada interacción digital genera valor que se concentra en pocas corporaciones globales, acentuando desigualdades y redefiniendo las formas de control social. El análisis sobre cómo plataformas como Rappi, Didi o TikTok extraen valor sin ofrecer una compensación justa refleja una comprensión clara de los mecanismos de explotación contemporánea, donde la atención y la información se vuelven mercancías centrales, al igual que muestra una dimensión esperanzadora al presentar alternativas económicas como el cooperativismo digital, el Buen Vivir, la economía circular y la economía del bien común, mostrando que existen modelos capaces de contrarrestar los efectos excluyentes del capitalismo digital y de recuperar la centralidad de lo humano y la naturaleza. Este equilibrio entre crítica y posibilidades de transformación demuestra que la tecnología no es, en sí misma, ni liberadora ni opresiva, sino que depende de las decisiones éticas y políticas que guíen su uso.
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