Devorah Mosquera Collo
El estado en que la humanidad se encuentra es la completa locura. No se puede
evitar sentir preocupación hacia el futuro de la sociedad que se sumerge en el
hedonismo de sus sentidos, sin importar qué o quién se lleve por delante, si un animal,
si otro individuo, si su propia existencia.
El placer y el consumo perpetuo como motor económico del capitalismo es la
causa y el furor de la crisis que no hace más que provocar la incertidumbre e
insatisfacción del pequeño animal egocéntrico que se hace llamar hombre.
Y vuelvo a mencionar al “para nada razonable” que sigue prefiriendo aquellos
modelos económicos que atentan contra su verdadera libertad, que al parecer le sacia ser
sometido bajo las cadenas que después de un tiempo dejaron de ser de metal y se
trasladaron como concepto abstracto del deseo.
Este ser al que la sensatez le incomoda, quien la inmediatez reclama y que la
indiferencia proclama, ya acostumbrado a caminar con una venda que no le permite ver
el pozo gigante en el que puede caer o en el vacío al que seguramente ya saltó. Entonces
¿cuál sería la salida? ¿Qué se podría construir en la nada? ¿Qué nuevos sistemas
económicos implementaría una sociedad para que se dirija hacia la vida y no se
encamine a la muerte?
La economía neoclásica sigue siendo fundamento y base sobre la cual se
asientan la mayoría de sistemas económicos occidentales y globales en la actualidad,
presente en la microeconomía y en la justificación del funcionamiento de los mercados.
Los consumidores buscan maximizar su satisfacción, las empresas y corporaciones
buscan acrecentar sus ganancias, dando por hecho la mutua racionalidad de los agentes
económicos, rechazando la vulnerabilidad del individuo ante la manipulación o el
desbordamiento del poder. Ya el valor de un bien no se determina por el costo del
trabajo como diría Marx si no por la utilidad que obtiene el consumidor y su escasez
también relativa. Una gran parte del mundo basa su comportamiento económico en el
placer y por tanto el peligro que puede representar su poder.
El capitalismo no se puede sostener solo con sus propios mercados por eso se
extiende y corrompe otros territorios no capitalistas o pre capitalistas, lo que
denominaría Rosa Luxemburgo el imperialismo, y lo que por mi parte denomino, la
metástasis del capitalismo. Luxemburgo lo veía como la fase inevitable y
autodestructiva del capitalismo, la única alternativa según ella era la revolución
socialista mundial. “El imperialismo lleva a una encrucijada inevitable, pues la sociedad
burguesa se encuentra ante un dilema: o la transición al socialismo o la recaída en la
barbarie.” (Luxemburgo,1935,p.140).
Este este sistema actual tambalea en la cuerda floja y por ello se debe proponer y
promover otras opciones que superen crisis como la desigualdad y la pobreza, los
sistemas económicos deberían estar a favor de la mayoría y no proteger a una minoría.
El anarquismo es un sistema para la mayoría como el anarcocomunismo o el
mutualismo busca proteger a la mayoría, la clase trabajadora (el pueblo), eliminando
las minorías (los propietarios o burócratas). La superación de la desigualdad se lograría
aboliendo la propiedad privada de los medios de producción o asegurando que el
trabajador reciba el producto íntegro de su trabajo. Para lograr una sociedad que no es
estrictamente basada en un estado o en normas se necesita que los individuos salgan de
su minoría de edad como diría Kant y lograran ser en realidad racionales.
También se puede proponer un futuro artificial, el sistema basado en la IA y la
automatización, presenta una oportunidad aunque peligrosa para el bien de la mayoría.
En la superación de la pobreza, la automatización extrema podría generar una
abundancia de bienes y servicios, si se distribuye correctamente erradicaría la pobreza
para una gran parte de la población. Actualmente la IA está controlada por minorías (las
grandes corporaciones tecnológicas) y esto genera un espectro donde se crea una nueva
y peor forma de desigualdad, sin embargo también puede ser utilizada para un bien
social, siendo gestionado democráticamente para que beneficie al gran cúmulo de
personas que conforman el pueblo.
Y el último sistema económico aunque no nuevo, sería el socialismo de Rosa
Luxemburgo, un sistema no estatista y centralizado sino basado en una democracia
radical y en la acción directa de la clase obrera. Para ella se podría lograr esta acción
(cambio del capitalismo al socialismo) por medio de la organización de la clase
trabajadora. El núcleo de la propuesta económica era la evolución de la propiedad
privada, de los medios de producción y su socialización. Las fábricas, las tierras y los
recursos claves no serán propiedad del Estado sino de la sociedad en su conjunto
administrados por los propios trabajadores. Y la producción se basaría en la satisfacción
de las necesidades sociales no en una búsqueda de ganancia individual. “La pasión por
la destrucción es también una pasión creadora.” (Bakunin, 1842, p. 16).
Opciones abundan pero la terquedad en quedarse en lo ya conocido no permite
que haya un desarrollo aún mayor como especie, el capitalismo tiene su fecha de
vencimiento la pregunta es: ¿podrá el ser humano soltar esas cadenas?
Referencias
Luxemburgo, R. (1915/año de la edición). La crisis de la social democracia
(Folleto Junius).
Luxemburgo, R. (1913). La acumulación del capital.
Bakunin, M.(1842/año de la edición). La reacción en Alemania.
Este proyecto me permitió articular de forma más radical y crítica mi visión sobre el estado actual del capitalismo y las posibles alternativas. Siento que el texto tiene una fuerza retórica muy marcada desde el inicio, al mostrar a la humanidad atrapada en el hedonismo y el consumo, y luego conectar esa crítica con la economía neoclásica, el imperialismo, la IA, el anarquismo y el socialismo de Rosa Luxemburgo. Me parece un punto fuerte cómo uso autores como Luxemburgo, Kant, Bakunin y Marx para cuestionar la supuesta racionalidad del sistema y plantear que el problema no es solo económico, sino también moral, político y existencial.
ResponderBorrarAl mismo tiempo, veo que el ensayo es bastante denso y cargado de imágenes fuertes, lo que a veces puede hacer que las ideas queden más sugeridas que desarrolladas. Podría mejorar si organizo un poco más los apartados (crítica al capitalismo / alternativas: anarquismo, IA, socialismo) y doy algunos ejemplos concretos que aterricen lo que planteo. Aun así, considero que el texto cumple con mostrar que el capitalismo no es eterno ni inevitable y que existen otros caminos posibles, siempre y cuando el ser humano sea capaz de “soltar las cadenas” que también son internas: el deseo, la comodidad y el miedo al cambio.
Hay textos que no solo denuncian: arden. El de Devorah es uno de esos. No escribe desde la distancia académica, sino desde un temblor interior que reconoce algo que muchos prefieren ignorar: que la humanidad se está precipitando con una sonrisa en el rostro. Y sí, tiene razón: hay un tipo de locura que se vuelve paisaje, un derrumbe que se vuelve rutina.
ResponderBorrarLo que más me atrae de su postura es que no seduce con optimismos tibios. Ella señala, casi con furia, una verdad incómoda: el placer convertido en dios termina siendo un verdugo. El capitalismo no se derrumba por falta de recursos, sino por exceso de deseo vacío; porque convierte cada impulso humano en mercancía y cada cuerpo en herramienta de consumo. Me conmueve —y me inquieta— su imagen de las “cadenas convertidas en concepto”. Qué fuerte eso. Qué brillante. El ser moderno ya no necesita opresores: se basta con sus propios deseos para someterse.
Y luego está la lucidez con la que invoca a Luxemburgo, a Bakunin, al espectro de la revolución. No como nostalgia, sino como advertencia: si el capitalismo es metástasis, no habrá cura desde dentro. Ella propone caminos —anarquismo, socialismo, IA democratizada— y no los presenta como recetas, sino como posibilidades para un mundo que aún no se atreve a nacer.
Pero lo más poderoso es lo que queda flotando al final: el capitalismo tiene fecha de vencimiento, pero los seres humanos seguimos aferrados a sus cadenas como si nos dieran identidad. Es un comentario que golpea, sí, pero también despierta. Y en tiempos como estos, esa capacidad de incomodar, de sacudir, es ya un acto de resistencia.
El texto plantea una reflexión intensa y crítica sobre la crisis humana y económica contemporánea, mostrando cómo el hedonismo, la indiferencia y la lógica capitalista generan incertidumbre y perpetúan desigualdades. Con un tono filosófico y político, la autora desmonta la supuesta racionalidad del sistema, retoma aportes de Marx, Luxemburgo y corrientes anarquistas, y contrasta estos modelos con alternativas que buscan priorizar la vida, la equidad y la autodeterminación colectiva. La pregunta final si el ser humano será capaz de soltar sus propias cadenas sintetiza el espíritu del ensayo: una invitación a imaginar sistemas económicos más justos en un mundo que parece temer a la libertad que dice defender.
ResponderBorrarEn este texto es mas una critica hacia el capitalismo que tambien tengo un poco de sentimientos en comun con mi compañera que nos dio esto, hay que ser realistas en todo, y pienso que hay capitalismo malo y bueno, extremistas en si, y siento que esto es una problematica peor pues nos podemos dar cuenta que mas gente esta unida a intentar acabar este sistema por esto mismo. Me gusto la critica y me siento mas identificado con ello, para todo hay fecha de vencimiento.
ResponderBorrarDesde mi punto de vista, el texto expone una crítica poderosa pero a ratos exageradamente pesimista sobre la condición humana y el capitalismo, y aunque comparto la preocupación por la crisis social y económica actual, siento que reduce demasiado la complejidad del comportamiento humano al hedonismo y a la irracionalidad. Creo que es valioso señalar los límites del capitalismo y considerar alternativas como el anarquismo, la automatización o el socialismo democrático, pero también pienso que el análisis debería incluir los matices de los avances sociales.
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