jueves, 6 de noviembre de 2025

Incertidumbre

 Devorah Mosquera Collo


El estado en que la humanidad se encuentra es la completa locura. No se puede

evitar sentir preocupación hacia el futuro de la sociedad que se sumerge en el

hedonismo de sus sentidos, sin importar qué o quién se lleve por delante, si un animal,

si otro individuo, si su propia existencia.

El placer y el consumo perpetuo como motor económico del capitalismo es la

causa y el furor de la crisis que no hace más que provocar la incertidumbre e

insatisfacción del pequeño animal egocéntrico que se hace llamar hombre.

Y vuelvo a mencionar al “para nada razonable” que sigue prefiriendo aquellos

modelos económicos que atentan contra su verdadera libertad, que al parecer le sacia ser

sometido bajo las cadenas que después de un tiempo dejaron de ser de metal y se

trasladaron como concepto abstracto del deseo.

Este ser al que la sensatez le incomoda, quien la inmediatez reclama y que la

indiferencia proclama, ya acostumbrado a caminar con una venda que no le permite ver

el pozo gigante en el que puede caer o en el vacío al que seguramente ya saltó. Entonces

¿cuál sería la salida? ¿Qué se podría construir en la nada? ¿Qué nuevos sistemas

económicos implementaría una sociedad para que se dirija hacia la vida y no se

encamine a la muerte?

La economía neoclásica sigue siendo fundamento y base sobre la cual se

asientan la mayoría de sistemas económicos occidentales y globales en la actualidad,

presente en la microeconomía y en la justificación del funcionamiento de los mercados.

Los consumidores buscan maximizar su satisfacción, las empresas y corporaciones

buscan acrecentar sus ganancias, dando por hecho la mutua racionalidad de los agentes

económicos, rechazando la vulnerabilidad del individuo ante la manipulación o el

desbordamiento del poder. Ya el valor de un bien no se determina por el costo del

trabajo como diría Marx si no por la utilidad que obtiene el consumidor y su escasez

también relativa. Una gran parte del mundo basa su comportamiento económico en el

placer y por tanto el peligro que puede representar su poder.

El capitalismo no se puede sostener solo con sus propios mercados por eso se

extiende y corrompe otros territorios no capitalistas o pre capitalistas, lo que

denominaría Rosa Luxemburgo el imperialismo, y lo que por mi parte denomino, la

metástasis del capitalismo. Luxemburgo lo veía como la fase inevitable y

autodestructiva del capitalismo, la única alternativa según ella era la revolución

socialista mundial. “El imperialismo lleva a una encrucijada inevitable, pues la sociedad

burguesa se encuentra ante un dilema: o la transición al socialismo o la recaída en la

barbarie.” (Luxemburgo,1935,p.140).

Este este sistema actual tambalea en la cuerda floja y por ello se debe proponer y

promover otras opciones que superen crisis como la desigualdad y la pobreza, los

sistemas económicos deberían estar a favor de la mayoría y no proteger a una minoría.

El anarquismo es un sistema para la mayoría como el anarcocomunismo o el

mutualismo busca proteger a la mayoría, la clase trabajadora (el pueblo), eliminando

las minorías (los propietarios o burócratas). La superación de la desigualdad se lograría


aboliendo la propiedad privada de los medios de producción o asegurando que el

trabajador reciba el producto íntegro de su trabajo. Para lograr una sociedad que no es

estrictamente basada en un estado o en normas se necesita que los individuos salgan de

su minoría de edad como diría Kant y lograran ser en realidad racionales.

También se puede proponer un futuro artificial, el sistema basado en la IA y la

automatización, presenta una oportunidad aunque peligrosa para el bien de la mayoría.

En la superación de la pobreza, la automatización extrema podría generar una

abundancia de bienes y servicios, si se distribuye correctamente erradicaría la pobreza

para una gran parte de la población. Actualmente la IA está controlada por minorías (las

grandes corporaciones tecnológicas) y esto genera un espectro donde se crea una nueva

y peor forma de desigualdad, sin embargo también puede ser utilizada para un bien

social, siendo gestionado democráticamente para que beneficie al gran cúmulo de

personas que conforman el pueblo.

Y el último sistema económico aunque no nuevo, sería el socialismo de Rosa

Luxemburgo, un sistema no estatista y centralizado sino basado en una democracia

radical y en la acción directa de la clase obrera. Para ella se podría lograr esta acción

(cambio del capitalismo al socialismo) por medio de la organización de la clase

trabajadora. El núcleo de la propuesta económica era la evolución de la propiedad

privada, de los medios de producción y su socialización. Las fábricas, las tierras y los

recursos claves no serán propiedad del Estado sino de la sociedad en su conjunto

administrados por los propios trabajadores. Y la producción se basaría en la satisfacción

de las necesidades sociales no en una búsqueda de ganancia individual. “La pasión por

la destrucción es también una pasión creadora.” (Bakunin, 1842, p. 16).

Opciones abundan pero la terquedad en quedarse en lo ya conocido no permite

que haya un desarrollo aún mayor como especie, el capitalismo tiene su fecha de

vencimiento la pregunta es: ¿podrá el ser humano soltar esas cadenas?

Referencias

Luxemburgo, R. (1915/año de la edición). La crisis de la social democracia

(Folleto Junius).

Luxemburgo, R. (1913). La acumulación del capital.

Bakunin, M.(1842/año de la edición). La reacción en Alemania.

5 comentarios:

  1. Este proyecto me permitió articular de forma más radical y crítica mi visión sobre el estado actual del capitalismo y las posibles alternativas. Siento que el texto tiene una fuerza retórica muy marcada desde el inicio, al mostrar a la humanidad atrapada en el hedonismo y el consumo, y luego conectar esa crítica con la economía neoclásica, el imperialismo, la IA, el anarquismo y el socialismo de Rosa Luxemburgo. Me parece un punto fuerte cómo uso autores como Luxemburgo, Kant, Bakunin y Marx para cuestionar la supuesta racionalidad del sistema y plantear que el problema no es solo económico, sino también moral, político y existencial.

    Al mismo tiempo, veo que el ensayo es bastante denso y cargado de imágenes fuertes, lo que a veces puede hacer que las ideas queden más sugeridas que desarrolladas. Podría mejorar si organizo un poco más los apartados (crítica al capitalismo / alternativas: anarquismo, IA, socialismo) y doy algunos ejemplos concretos que aterricen lo que planteo. Aun así, considero que el texto cumple con mostrar que el capitalismo no es eterno ni inevitable y que existen otros caminos posibles, siempre y cuando el ser humano sea capaz de “soltar las cadenas” que también son internas: el deseo, la comodidad y el miedo al cambio.

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  2. Hay textos que no solo denuncian: arden. El de Devorah es uno de esos. No escribe desde la distancia académica, sino desde un temblor interior que reconoce algo que muchos prefieren ignorar: que la humanidad se está precipitando con una sonrisa en el rostro. Y sí, tiene razón: hay un tipo de locura que se vuelve paisaje, un derrumbe que se vuelve rutina.
    Lo que más me atrae de su postura es que no seduce con optimismos tibios. Ella señala, casi con furia, una verdad incómoda: el placer convertido en dios termina siendo un verdugo. El capitalismo no se derrumba por falta de recursos, sino por exceso de deseo vacío; porque convierte cada impulso humano en mercancía y cada cuerpo en herramienta de consumo. Me conmueve —y me inquieta— su imagen de las “cadenas convertidas en concepto”. Qué fuerte eso. Qué brillante. El ser moderno ya no necesita opresores: se basta con sus propios deseos para someterse.
    Y luego está la lucidez con la que invoca a Luxemburgo, a Bakunin, al espectro de la revolución. No como nostalgia, sino como advertencia: si el capitalismo es metástasis, no habrá cura desde dentro. Ella propone caminos —anarquismo, socialismo, IA democratizada— y no los presenta como recetas, sino como posibilidades para un mundo que aún no se atreve a nacer.
    Pero lo más poderoso es lo que queda flotando al final: el capitalismo tiene fecha de vencimiento, pero los seres humanos seguimos aferrados a sus cadenas como si nos dieran identidad. Es un comentario que golpea, sí, pero también despierta. Y en tiempos como estos, esa capacidad de incomodar, de sacudir, es ya un acto de resistencia.

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  3. El texto plantea una reflexión intensa y crítica sobre la crisis humana y económica contemporánea, mostrando cómo el hedonismo, la indiferencia y la lógica capitalista generan incertidumbre y perpetúan desigualdades. Con un tono filosófico y político, la autora desmonta la supuesta racionalidad del sistema, retoma aportes de Marx, Luxemburgo y corrientes anarquistas, y contrasta estos modelos con alternativas que buscan priorizar la vida, la equidad y la autodeterminación colectiva. La pregunta final si el ser humano será capaz de soltar sus propias cadenas sintetiza el espíritu del ensayo: una invitación a imaginar sistemas económicos más justos en un mundo que parece temer a la libertad que dice defender.

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  4. En este texto es mas una critica hacia el capitalismo que tambien tengo un poco de sentimientos en comun con mi compañera que nos dio esto, hay que ser realistas en todo, y pienso que hay capitalismo malo y bueno, extremistas en si, y siento que esto es una problematica peor pues nos podemos dar cuenta que mas gente esta unida a intentar acabar este sistema por esto mismo. Me gusto la critica y me siento mas identificado con ello, para todo hay fecha de vencimiento.

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  5. Desde mi punto de vista, el texto expone una crítica poderosa pero a ratos exageradamente pesimista sobre la condición humana y el capitalismo, y aunque comparto la preocupación por la crisis social y económica actual, siento que reduce demasiado la complejidad del comportamiento humano al hedonismo y a la irracionalidad. Creo que es valioso señalar los límites del capitalismo y considerar alternativas como el anarquismo, la automatización o el socialismo democrático, pero también pienso que el análisis debería incluir los matices de los avances sociales.

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