De regreso a casa, saliendo de la universidad, suelo movilizarse en transporte
público por lo que tengo la oportunidad de ver un panorama realista de la
cotidianidad de las personas, pero más allá de eso, adquiero uno sobre la gran
cantidad de basura que se encuentran en las calles, parques o zonas verdes de mi
ciudad. Muy lejos de la idea de que esto se vea y huela desagradable, trasciende a
un asunto grave de gran importancia a tratar, pues estamos hablando de nuestra
casa común, una casa a la que pertenecemos...más no nos pertenece. Por ende, es
nuestra obligación velar por el bienestar de la naturaleza que nos acoge y nos
brinda sus recursos para la subsistencia como seres humanos.
Ahora imaginemos la gran cantidad de basura en el mundo, debe ser un montón de
desechos acumulados cada año en todos los países existentes, lo más triste es que
justamente somos nosotros quienes hemos provocado grandes problemáticas
ambientales por pensar solo en ciertos intereses que a nuestro parecer, prevalecen
sobre la vida.
Soy estudiante de una carrera universitaria que se debe reconocer como ambiciosa
y egoísta, siendo la economía algo que se centra más en el dinero, el capital, la
producción,etc. Lo cierto es que, es de gran vitalidad que tengamos en cuenta y
reflexionemos en estos asuntos económicos, los costos ambientales que surgen de
muchas actividades humanas que se realizan y que no se piensa en el cuidado
ambiental antes de llevar a cabo estas mismas.
El capitalismo industrial del siglo XX se creó en base a una idea equivocada acerca
de que el ecosistema es una fuente inagotable de recursos y un relleno sanitario
infinito para nuestros desechos. Hoy, la evidencia científica es impactante: la crisis
climática, la sexta extinción masiva y la acidificación de los océanos son la
consecuencia de esta creencia errónea. Frente a esto, la respuesta del sistema ha
sido, en gran medida, el greenwashing: un maquillaje ecológico que pretende ocultar
los atentados capitalistas hacia la naturaleza.
En este ensayo se abordará la idea de que el futuro económico no se encuentra ni
avanzará con respecto a esta publicidad engañosa, sino en una transformación de
los ideales ambiguos del sistema. En nuestro análisis argumentativo, empezaremos
por comprender el greenwashing, no como una práctica aislada, sino como la
evidencia más clara de que un modelo económico ha dejado de ser relevante.
Después, confrontaremos esta ilusión con la propuesta específica de la economía
regenerativa, que se presenta como una respuesta práctica y contraria a la lógica
extractiva. Este viaje, como veremos, tiene un destino inevitable: la creación de una
sociedad post-crecimiento. En ella, filosofias como el Buen Vivir basada en la
cosmovision de que la prosperidad que se alcanza en la armonía con los límites
naturales y no en su violación.
El Greenwashing no solo es publicidad engañosa, es una estrategia de marketing
diseñada para convencer a los consumidores de que ese producto es amigable con
el medio ambiente cuando la realidad es otra. Es un sistema que se niega a cambiar
la verdad. Su objetivo es hacernos creer que podemos tener un “capitalismo verde”
y por ende podemos seguir consumiendo sin contaminar, siendo esto algo
totalmente errado y no nos damos cuenta de cuánto nos llegan a persuadir con
estas publicidades en las que se ve involucrado el color verde, unas hojas y
etiquetas engañosas sin tal evidencia de que sea cierto, pero aun así, decidimos
creer sin investigar antes.
Un ejemplo de esto es Nestlé, Nestlé ha usado campañas donde afirma que sus
envases son “100% reciclables”. Sin embargo, organizaciones ambientales
demuestran que la mayoría termina en vertederos o en el océano, especialmente en
países del Sur Global. “Nestlé promueve un discurso de responsabilidad ambiental
mientras continúa siendo uno de los mayores productores de residuos plásticos del
mundo.” (Break Free From Plastic Report, 2021).
Esto es muy riesgoso, ya que nos hace sentir como si estuviéramos adormecidos y
nos priva de la necesidad urgente de exigir un cambio genuino al hacernos creer
que el problema se está solucionando. El greenwashing es simplemente esconder
los costos medioambientales tras campañas de marketing, en vez de asumirlos.
Este es el último intento fallido de un modelo que se basa en la concepción
equivocada de que los recursos son ilimitados.
La economía regenerativa proporciona una respuesta auténtica frente a la estafa
que supone el greenwashing o lavado verde. Su idea primordial es sencilla, pero
transformadora: la economía debe funcionar como hacen los ecosistemas naturales,
donde no hay residuos porque lo que se considera residuo en un proceso, es
alimento para otro.
Frente al sistema actual, que se acerca a un bosque y sólo considera madera
comercializable, la economía regenerativa entiende un bosque como un ecosistema
que purifica el aire, que regula las lluvias y que alberga vida. La agroecología es un
caso concreto que se inserta en la naturaleza, que genera suelos de alta calidad, de
absorción de carbono de las atmósferas y de rechazo de pesticidas. En este
espacio, cuidar el planeta no es un gasto, es el fundamento de todo. La
"rentabilidad" real es un medio ambiente sano.
La economía regenerativa nos hace pensar en una cuestión importante: si dejamos
de querer sacar y gastar cosas de manera incesante, entonces, ¿qué es el
progreso?, ¿no es el de sacar y gastar mucho? En ese momento aparecen ideas
como el Decrecimiento o el Buen Vivir. Hay gente que confunde el Decrecimiento
con "volver a las cavernas", pero el Decrecimiento trata de usar menos energía y
recursos inteligentemente, teniendo como prioridad el bienestar de los seres
humanos con relación a la naturaleza. A su vez, el Buen Vivir es una idea que
proviene de pueblos andinos y que nos dice que una buena vida no es tener
muchas cosas, sino vivir en comunidad, ayudarnos entre todos y cuidar la
naturaleza. Atrás quedó el hecho de querer que el PIB suba; ahora lo que hay que
hacer es mirar otros indicadores como el Happy Planet Index, que mide cómo vive la
gente sin destruir el planeta. El objetivo es vivir en una economía más consciente,
dejar de pensar que "cuantas más cosas, mejor" y empezar a generar una
prosperidad que nos haga felices y que no destruya nuestro hogar.
Al bajar del bus y ver de nuevo la basura en las calles, recuerdo que estudiar
economía no se trata solo de números. Se trata de diseñar un sistema donde esta
imagen desoladora sea cosa del pasado, porque habremos aprendido, por fin, a
valorar y cuidar nuestra verdadera riqueza: la Tierra que nos sustenta.
La transición del mito de un crecimiento ilimitado a la realidad de una economía con
restricciones no es opcional, sino un deber ambiental. Hemos explorado la ruta
esencial que parte de la fantasía del greenwashing, progresa hacia la aplicación real
de la economía regenerativa y termina en la indispensable reflexión filosófica sobre
el post-crecimiento. En conjunto, estos elementos forman una unidad lógica: es
imposible encubrir un sistema basado en la extracción, y cualquier intento serio de
regenerar nos fuerza a replantear el propósito último de la actividad económica.
La pregunta clave del siglo XXI ya no es "¿Cómo logramos que la economía crezca?
", sino "¿Cómo aseguramos una existencia digna y próspera para todos dentro de
las fronteras de un único planeta? ". Abandonar la creencia de recursos infinitos no
nos sentencia a la escasez, sino que nos encamina hacia una forma de abundancia
más honda y duradera. El porvenir económico no será una versión "verde" de lo
anterior; será, inevitablemente, un sistema que por fin habrá aprendido a vivir en
armonía con la biosfera.
Referencias
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Taibo, C. (2016). En defensa del decrecimiento: Sobre
El ensayo nos confronta con una realidad que solemos normalizar: la acumulación de basura, el deterioro ambiental y la desconexión entre el crecimiento económico y la vida misma. Lo valioso es que parte de una experiencia cotidiana (ir en transporte público y observar la ciudad) para recordarnos que la crisis ecológica no ocurre lejos, sino justo frente a nosotros, en cada calle, cada parque y cada decisión de consumo.
ResponderBorrarAsí mismo una de las reflexiones más poderosas del ensayo es la crítica a cómo el capitalismo, como un modelo económico ha ignorado sistemáticamente la dimensión ecológica de sus decisiones. Desde esta perspectiva, el greenwashing aparece no solo como un engaño publicitario, sino como un síntoma desesperado de un sistema incapaz de transformarse realmente. Es la promesa vacía de que podemos seguir consumiendo igual mientras el planeta se derrumba en silencio.
Un excelente ensayo, qué nos invita a observar la realidad material desde un punto de vista más personal y cotidiano. El aplicar filosofías de vida de regiones andinas, tales como el Sumak Kawsay (Buen Vivir) pueden ser claves a la hora de enfrentar los retos del futuro y su materialismo desmedido, al poder obsercar las problemáticas de la vida desde otro punto de vista.
ResponderBorrarEn este texto vemos una reflexión muy honesta y bien construida sobre cómo la experiencia diaria se conecta con problemas económicos y ecológicos mucho más grandes. Lo valioso es que no se queda solo en la denuncia, sino que cuestiona directamente la lógica del sistema económico actual y muestra por qué el greenwashing es un engaño que retrasa cambios reales.
ResponderBorrarAdemás, introduce alternativas como la economía regenerativa, el decrecimiento y el Buen Vivir de una forma comprensible, mostrando que existen otros caminos posibles y que no todo se reduce al PIB o al consumo. Se podría profundizar un poco más en cómo estas propuestas podrían aplicarse en contextos urbanos como el que narra al inicio, pero aun así el texto transmite bien la idea central.