Tatiana Cuaspud Pantoja
A lo largo de la historia, los seres humanos hemos intentado construir sistemas económicos
que garanticen el bienestar y la estabilidad social. Sin embargo, cada modelo, por más
prometedor que parezca, ha traído consigo desigualdades y conflictos que terminan
afectando a la mayoría. Hoy vivimos en un mundo dominado por el capitalismo global,
un sistema que ha permitido grandes avances tecnológicos, pero que también ha
profundizado la brecha entre ricos y pobres.
La problemática que deseo desarrollar en este ensayo es precisamente esa
contradicción: cómo el progreso económico, en lugar de generar bienestar colectivo, ha
acentuado la desigualdad y el deterioro del planeta. Mi propósito es reflexionar, desde
una mirada crítica a la historia, hacia dónde podría dirigirse el futuro del sistema
económico y de la sociedad si no se replantean las bases sobre las cuales hemos
construido nuestra idea de “desarrollo”. Para ello, analizaré brevemente la evolución de
los modelos económicos y las consecuencias sociales que han dejado, con el fin de
proponer una visión más humana y sostenible para el futuro.
La historia económica puede entenderse como una cadena de intentos por equilibrar el poder,
la producción y la supervivencia. En la antigüedad, el feudalismo organizaba a la
sociedad en jerarquías rígidas donde unos pocos poseían la tierra y la mayoría debía
trabajar para subsistir. Con el paso del tiempo, la Revolución Industrial cambió el
mundo: surgió el capitalismo, y con él la promesa de libertad individual, innovación y
crecimiento sin límites.
2
Sin embargo, esa libertad económica también trajo nuevos problemas. El capitalismo permitió
el desarrollo de la ciencia, la tecnología y el comercio global, pero a costa de crear un
sistema donde el valor de las personas depende de su capacidad para producir o
consumir. Autores como Karl Marx ya advertían que la acumulación de capital generaría
desigualdad, y hoy, más de un siglo después, esa predicción se ha cumplido. Según
Thomas Piketty, el 10% más rico del mundo concentra casi el 70% de la riqueza global,
mientras millones de personas sobreviven con ingresos mínimos.
A esta desigualdad se suma el impacto ambiental. El afán de producir y consumir ha puesto al
planeta al borde del colapso: cambio climático, contaminación y pérdida de
biodiversidad son algunas de las consecuencias visibles. Zygmunt Bauman señalaba
que vivimos en una “modernidad líquida”, donde todo cambia rápido, incluso las
relaciones humanas, y el consumo se ha convertido en el centro de la vida social. Este
modelo, aunque rentable, está vaciando de sentido a la sociedad, porque la gente vive
más preocupada por comprar que por convivir o cuidar su entorno.
Frente a este panorama, el futuro del sistema económico parece dividido entre dos caminos.
Uno es continuar con la lógica actual, confiando en que la tecnología y los mercados se
autorregulen; el otro es repensar la economía desde la solidaridad y la sostenibilidad.
Cada vez surgen más movimientos que defienden una economía del bien común, que
mida el desarrollo no solo por el dinero, sino por la calidad de vida, la justicia y el
respeto por la naturaleza. Esta visión no significa eliminar el mercado, sino humanizarlo,
ponerlo al servicio de la vida y no al revés.
El reto está en cambiar la mentalidad colectiva. Los grandes cambios de la historia —como el
paso del feudalismo al capitalismo— no se dieron solo por decisiones políticas, sino por
la transformación del pensamiento social. Hoy necesitamos una nueva conciencia
3
económica que reconozca que la riqueza no puede medirse únicamente en cifras, sino
en bienestar, equidad y sostenibilidad.
El recorrido histórico demuestra que los sistemas económicos son construcciones humanas y,
por tanto, pueden transformarse. El capitalismo ha sido motor de progreso, pero
también fuente de desigualdad y destrucción ambiental. Si la sociedad quiere un futuro
más justo, deberá replantear su relación con el dinero, el trabajo y la naturaleza.
El desafío no es solo económico, sino ético: pasar de un modelo basado en la
competencia a uno basado en la cooperación. Tal vez el futuro no dependa de inventar
un nuevo sistema, sino de recuperar valores antiguos que hemos olvidado: la
solidaridad, la empatía y el respeto por la vida. Solo así la economía volverá a tener
sentido, no como un fin en sí misma, sino como un medio para que todos podamos vivir
con dignidad.
4
Referencias
Hernández Moreno, J. (2016). La modernidad líquida. Política y cultura, 45, 279–282.
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0188
Lobato, M. (2014). Reseña de “El Capital en el Siglo XXI”, de Thomas Piketty. Perifèria
Revista d investigació i formació en Antropologia, 19(2), 144.
https://doi.org/10.5565/rev/periferia.443
Ruvalcaba González, J. A., & Universidad de Guadalajara. (2016). “El capital en el siglo
XXI”, de Thomas Piketty. Derecho Global. Estudios sobre Derecho y Justicia, 0(3),
181–184. https://doi.org/10.32870/dgedj.v0i3.17
(S/f). Recuperado el 6 de noviembre de 2025, de http://chrome-
extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.vatican.va/content/dam/fran
(S/f). Recuperado el 6 de noviembre de 2025, de http://chrome-
extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.marxists.org/espanol/m-
e/capital/karl-marx-el-capital-tomo-i-editorial-progreso.pdf?
Kate Raworth. (2013, abril 28). Kate Raworth | Exploring Doughnut Economics; Kate
Raworth. https://www.kateraworth.com/doughnut/?utm_source=chatgpt.com
Mission Economy. (s/f). Marianamazzucato.com. Recuperado el 6 de noviembre de 2025,
de https://marianamazzucato.com/books/mission-economy/?
This changes everything – the book. (s/f). This Changes Everything. Recuperado el 6 de
noviembre de 2025, de
https://thischangeseverything.org/book/?utm_source=chatgpt.com
Thomas Piketty, S. R., Thomas Piketty, A. G., Thomas Piketty, S. A., Susskind, D., Fredrik
Albritton Jonsson, C. W., Bartel, F., Fligstein, N., & Rosenberg, S. D. (s/f). Capital in the
twenty-First Century —. Harvard University Press. Recuperado el 6 de noviembre de
2025, de https://www.hup.harvard.edu/books/9780674430006?
Me pareció claro cómo el texto explica que, aunque los sistemas económicos han cambiado mucho a lo largo de la historia, siempre han tenido consecuencias tanto buenas como malas. Me llamó la atención la forma en que relaciona el capitalismo actual con la desigualdad y los problemas ambientales, porque ayuda a entender que el desarrollo no siempre significa bienestar para todos. También me pareció interesante la idea de que el futuro podría mejorar si se combinan valores como la solidaridad y la sostenibilidad con los avances tecnológicos. Siento que el texto invita a pensar más allá del dinero y a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir.
ResponderBorrarEste texto nos hace un recorrido por la historia económica para mostrarnos que ningún sistema ha sido neutral: todos estos han creado avances, pero también desigualdades. Esta bien cómo conecta el feudalismo, el capitalismo industrial y el presente para mostrar que los problemas actuales no surgieron de la nada, sino que son parte de una misma lógica.
ResponderBorrarTambién es acertado el uso de autores como Marx, Piketty y Bauman para reforzar la idea central de que el crecimiento no siempre significa bienestar colectivo. Podría profundizar un poco más en cual es el significa “humanizar” la economía, pero aun así el mensaje principal esta bien planteado y nos deja una inquietud válida sobre el rumbo que estamos tomando como sociedad.
Este ensayo me pareció muy claro y profundo. Se logra conectar la historia económica con los problemas actuales de una forma coherente y significativa, mostrando cómo cada sistema desde el feudalismo hasta el capitalismo ha dejado consecuencias que todavía afectan a la sociedad. Esa relación entre pasado y presente permite entender que la desigualdad y el deterioro ambiental no son hechos aislados, sino parte de un proceso histórico. Además, el texto no se limita a señalar fallas, sino que abre la puerta a pensar alternativas más humanas y sostenibles. En conjunto, es un ensayo que invita a reflexionar y a cuestionar la idea tradicional de “progreso”.
ResponderBorrar