Angie Katherine Perafan Erazo
Desde hace siglos, la humanidad ha organizado su forma de vivir a partir de
diferentes sistemas económicos. Cada uno de ellos ha buscado satisfacer las necesidades de
las personas y garantizar el progreso, pero también ha generado desigualdades, crisis y
conflictos. Hoy en día, el sistema capitalista domina casi todos los países del mundo, y
aunque ha impulsado avances tecnológicos y crecimiento económico, también ha creado
grandes brechas entre ricos y pobres, y un daño ambiental cada vez más evidente.
Este ensayo tiene como propósito reflexionar sobre hacia dónde puede ir el sistema
económico en el futuro y qué tipo de sociedad podríamos construir a partir de lo que hemos
aprendido. A través de una mirada crítica, se analizarán algunos problemas actuales como
la desigualdad, el desempleo, el uso de la tecnología y la crisis ambiental, para luego pensar
si es posible un cambio que haga al sistema más justo, humano y sostenible.
A lo largo de la historia, los sistemas económicos se han ido transformando según
las necesidades y los avances de cada época. En el pasado existió el feudalismo, donde los
campesinos trabajaban para los señores a cambio de protección. Luego, con el desarrollo
del comercio y las ciudades, surgió el capitalismo, un sistema basado en la propiedad
privada, la competencia y la búsqueda del beneficio individual. Este modelo ayudó a
generar progreso, innovación y bienestar en algunos sectores, pero también trajo consigo
desigualdad y explotación (Piketty, 2014).
En el capitalismo actual, las grandes empresas y los países más poderosos controlan
la mayor parte de los recursos. Mientras unos pocos acumulan fortunas, millones de
personas viven con salarios muy bajos o sin empleo estable. Esto ha creado una sociedad
donde el valor de una persona muchas veces se mide por lo que tiene y no por lo que es.
Este modelo de vida también ha generado estrés, desigualdad de oportunidades y una
pérdida de sentido comunitario.
Otro factor importante en esta reflexión es la tecnología. En los últimos años, la
inteligencia artificial, la automatización y la digitalización han cambiado por completo la
forma de trabajar. Muchos empleos que antes hacían las personas ahora los realizan las
máquinas. Según Rifkin (2019), esto puede tener dos caminos: uno negativo, donde
millones de personas pierden su sustento, o uno positivo, donde la tecnología se use para
liberar tiempo y permitir una vida más equilibrada, con trabajos más creativos y humanos.
Además, la crisis ambiental se ha convertido en una de las principales
preocupaciones del presente y el futuro. El sistema económico actual está basado en el
consumo excesivo y en la explotación de la naturaleza. Cada año se producen más bienes
de los que realmente se necesitan, mientras los ecosistemas se destruyen para mantener el
ritmo del mercado. Como explica Klein (2015), el cambio climático no es solo un problema
ecológico, sino una consecuencia directa de un modelo económico que pone las ganancias
por encima de la vida. Si no se modifican los hábitos de consumo y las políticas de
producción, las próximas generaciones enfrentarán graves consecuencias, como la escasez
de agua, el aumento del nivel del mar y la pérdida de biodiversidad.
Sin embargo, no todo está perdido. En distintos lugares del mundo han surgido
movimientos sociales, económicos y ambientales que buscan transformar la manera en que
entendemos la economía. Conceptos como la economía del bien común, la economía
circular o el desarrollo sostenible proponen que el crecimiento económico no debe medirse
solo por las ganancias, sino también por el bienestar social y el cuidado del planeta. Estas
ideas plantean que el dinero debe ser un medio para mejorar la vida de las personas, no un
fin en sí mismo.
También se está promoviendo un nuevo tipo de conciencia en los jóvenes, que se
interesan más por los problemas sociales y ecológicos. Muchos prefieren apoyar pequeñas
empresas locales, consumir de forma responsable y exigir transparencia a las grandes
corporaciones. Esto demuestra que la sociedad puede cambiar desde las acciones
cotidianas, no solo desde las decisiones políticas. El futuro no depende únicamente de los
gobiernos, sino también de la forma en que cada individuo participe en la construcción de
una economía más humana y solidaria.
En ese sentido, el reto más grande que enfrenta el sistema económico del futuro es
encontrar un equilibrio entre el progreso tecnológico, el bienestar social y el respeto por la
naturaleza. Para lograrlo, será necesario replantear nuestras prioridades como sociedad y
reconocer que el crecimiento económico no sirve de nada si no garantiza una vida digna
para todos.
El futuro del sistema económico y la sociedad está en un punto decisivo. Si
seguimos repitiendo los mismos errores del pasado, el mundo continuará dividiéndose entre
una minoría privilegiada y una mayoría que lucha por sobrevivir. Además, el planeta podría
llegar a un punto de daño irreversible. Pero si somos capaces de aprender de la historia y
actuar con responsabilidad, aún existe la posibilidad de un cambio real.
El sistema económico del futuro debería enfocarse más en las personas y menos en
el dinero. La tecnología, el conocimiento y la cooperación pueden ser herramientas
poderosas para construir un mundo más justo. La sociedad del mañana dependerá de las
decisiones que tomemos hoy: si seguimos priorizando la ambición y el consumo, nos
alejaremos de lo humano; pero si elegimos la solidaridad, la equidad y el respeto por la
vida, podremos construir un futuro donde todos tengan un lugar digno.
Referencias
Klein, N. (2015). Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima. Paidós.
Piketty, T. (2014). El capital en el siglo XXI. Fondo de Cultura Económica.
Rifkin, J. (2019). El Green New Deal global: Por qué el auge del Internet de las
cosas, el big data y las energías renovables están revolucionando el mundo. Paidós.
Este proyecto me permitió ordenar muchas de las ideas que hemos visto en clase sobre los sistemas económicos y conectarlas con los problemas actuales del mundo. Siento que el texto tiene una estructura clara: empieza con el recorrido histórico (feudalismo–capitalismo), pasa por la crítica a la desigualdad, la tecnología y la crisis ambiental, y termina planteando alternativas como la economía del bien común, la economía circular y el desarrollo sostenible. Me gusta que no se queda solo en criticar al capitalismo, sino que también muestra que hay movimientos y cambios de conciencia, sobre todo en los jóvenes, que apuntan hacia una economía más humana y responsable con el planeta.
ResponderBorrarAl mismo tiempo, veo que el ensayo se enfoca mucho en la dimensión ética y ambiental del sistema económico, lo cual me parece un acierto, porque deja claro que el problema no es solo “falta de dinero”, sino la forma en que se entiende el progreso y el éxito. El cierre, donde se afirma que el sistema del futuro debería centrarse más en las personas que en el dinero, resume bien la idea principal del trabajo: el verdadero reto no es solo crecer económicamente, sino garantizar vidas dignas, justicia social y respeto por la naturaleza. En conjunto, el proyecto muestra que el futuro de la economía no está completamente definido, pero sí depende de las decisiones colectivas e individuales que tomemos desde ahora.
Este ensayo me pone a reflexionar sobre los sistemas económicos actuales y cómo estos impactan a nuestra sociedad e igual en nuestro planeta nos pone como hacer más conscientes sobre cómo tenemos una organización social y además cómo rodeamos esto en nuestras vidas cotidianas y en nuestra economía actual se puede decir que en una economía actual se puede generar a un desigualdad crisis y conflictos esto podría ser más una crítica hacia el capitalismo donde claramente se ve que hay un gran crecimiento económico sobre la explotación de recursos que la mayoría daña el medio ambiente y pues se sabe que esto puede afectar a nuestro planeta por eso lo que buscan la mayoría de países o lugares actualmente es buscar cómo no explotar los recursos para poder generar su capital aunque es algo no imposible pero sí complicado pero buscan nuevos sistemas como para mejorar esta problemática e igual la tecnología es un punto muy clave para esto porque ayuda a poder darle soluciones a estos problemas económicos sociales e igualmente ambientales que se pueden encontrar en los países de mayor producción capital esto es clave pues ya que al haber un nuevo sistema nos puede ayudar a que se erradicar ciertas problemáticas como lo son los desempleos la desigualdad y demás factores que se pueden encontrar en la economía actual.
ResponderBorrarEl ensayo se siente sincero y consciente, como una conversación que intenta entender un mundo que cambia demasiado rápido. Más que presentar teorías, refleja una preocupación genuina por las desigualdades, por el futuro del planeta y por lo que les espera a las próximas generaciones. Esa intención humana lo atraviesa todo y le da fuerza. La manera en que se explica el capitalismo, la tecnología y la crisis ambiental es clara y accesible. No solo se describen problemas: se muestra cómo afectan la vida diaria, cómo moldean lo que sentimos y las oportunidades que tenemos. Eso hace que el texto conecte, porque habla de personas, no solo de sistemas. El ensayo también transmite esperanza, algo que no siempre es fácil cuando se habla de desigualdad o destrucción ambiental. La mención a las nuevas generaciones, a los movimientos sociales ya las economías alternativas le da un tono más humano y menos fatalista. Se nota un deseo real de encontrar un camino distinto Quizás algunas ideas podrían profundizarse, pero el mensaje central está muy bien logrado: no se trata solo de cambiar un sistema económico, sino de cambiar la manera en que entendemos la vida, el trabajo y nuestra relación con los demás. En conjunto, es un texto sensible, crítico y lleno de humanidad. Muestra el mundo con sus sombras, pero también con la posibilidad de transformarlo desde la solidaridad y la conciencia.
ResponderBorrarEste ensayo invita a pensar con sinceridad en el rumbo que ha tomado nuestra economía y en lo fácil que hemos normalizado un sistema que avanza, pero que a la vez deja a tantas personas atrás. Al recorrer la historia, el texto muestra cómo los modelos económicos han cambiado según las necesidades de cada época, pero también cómo esos cambios han generado nuevas desigualdades que seguimos cargando hoy. Lo más valioso es que no se queda solo en criticar, sino que abre una reflexión necesaria sobre el papel de la tecnología, el daño ambiental y la forma en que el capitalismo actual parece medir a las personas por lo que producen y no por lo que son. Aun así, el ensayo mantiene una mirada esperanzadora: recuerda que hay movimientos, ideas y nuevas generaciones que buscan construir algo distinto, más humano y más justo. En últimas, el comentario central es claro: el futuro económico no depende solo de grandes decisiones políticas, sino de la capacidad colectiva de replantear nuestras prioridades y apostar por una sociedad donde la vida, la dignidad y el planeta tengan más valor que el dinero.
ResponderBorrarEste texto me llena de esperanza porque muestra que existen alternativas reales al modelo económico actual, basadas en valores como el bienestar social y la sostenibilidad ambiental. Me parece clave que la conciencia social, especialmente entre los jóvenes, esté creciendo y que las acciones cotidianas puedan marcar la diferencia. Coincido en que el futuro económico debe priorizar a las personas por encima del dinero, usando la tecnología y el conocimiento para fomentar la cooperación y la justicia. Estoy convencido de que aún estamos a tiempo de elegir un camino solidario y equitativo, y que nuestras decisiones presentes definirán si construimos una sociedad más digna para todos.
ResponderBorrarEste ensayo hace un análisis claro y honesto sobre los problemas del sistema económico actual y plantea con esperanza cómo podría ser el futuro. El autor reconoce que el capitalismo ha traído avances importantes, pero también ha creado grandes desigualdades, donde unos pocos acumulan riquezas mientras millones apenas sobreviven.
ResponderBorrarLo valioso del texto es que aborda varios problemas a la vez: la desigualdad económica, el reemplazo de trabajos humanos por máquinas, y especialmente la crisis ambiental. El autor explica que nuestro sistema actual consume y produce de manera descontrolada, destruyendo la naturaleza solo para mantener las ganancias. Si seguimos así, las próximas generaciones enfrentarán problemas graves como falta de agua y pérdida de ecosistemas.
Es interesante como el ensayo nos hace un llamado a una reflexión profunda y necesaria sobre el futuro del sistema económico, articulando con claridad cómo la trayectoria histórica del capitalismo ha generado avances importantes, pero también desigualdades estructurales y efectos ambientales que hoy ponen en riesgo la estabilidad social y ecológica del planeta. Se puede decir que ningún sistema ha logrado resolver plenamente los desequilibrios entre producción, distribución y bienestar, y que el capitalismo contemporáneo, aunque altamente innovador, continúa concentrando riqueza en manos de pocos, generando precariedad laboral y deterioro del tejido comunitario. El análisis sobre la tecnología resulta especialmente pertinente, pues reconoce que la automatización y la inteligencia artificial pueden amplificar la desigualdad si se orientan solo al beneficio privado, o convertirse en herramientas liberadoras si se integran en políticas que permitan una reducción de jornadas, un trabajo más creativo y un reparto más equitativo de los frutos del progreso. Asimismo, la referencia a la crisis ambiental como producto de un modelo centrado en el consumo excesivo conecta con discusiones actuales de economía ecológica, que advierten que el crecimiento ilimitado es incompatible con los límites planetarios. Las nuevas generaciones como agentes de cambio, mediante hábitos de consumo más responsables y presión social hacia empresas y gobiernos, introduce un componente optimista que sugiere que las transformaciones pueden surgir no solo desde arriba, sino también desde acciones cotidianas.
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