EDWIN CALAMBÁS RIVERA
A veces me pregunto si la economía realmente fue creada para servir al ser humano o
si, con el paso del tiempo, hemos terminado sirviéndole a ella. Teniendo encuenta los inicios
del comercio hasta la actual era digital, la historia económica parece contarnos una misma
historia, la búsqueda del progreso, pero también la pérdida de sentido. Hoy en medio de crisis
ecológicas, desigualdad social y agotamiento emocional colectivo, la pregunta es inevitable:
¿hacia dónde se dirige nuestro sistema económico y qué tipo de sociedad estamos
construyendo? Ahora reflexionamos desde una mirada personal sobre la necesidad de
Rehumanizar la economía, repensando sus valores y su propósito frente al futuro que se
aproxima.
Vivimos en un mundo donde el valor de las personas muchas veces se mide por su
productividad o por su capacidad de consumo. El sistema capitalista global, aunque ha
impulsado enormes avances tecnológicos y materiales, también ha creado profundas heridas
sociales. La desigualdad, la precarización del trabajo son síntomas de un modelo que prioriza
la ganancia sobre la vida. Naomi Klein (2014) señala que el capitalismo moderno no solo ha
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alterado el clima, sino también la forma en que entendemos la existencia: vivimos acelerados,
desconectados y confundiendo bienestar con acumulación. Esa carrera interminable por
“más” ha dejado de lado lo esencial: el sentido de comunidad y el cuidado mutuo.
Pero más allá de teorías, el cambio verdadero debe nacer de una transformación ética.
No es solo un asunto de políticas o mercados, sino de valores. Debemos preguntarnos qué
tipo de humanidad queremos ser. Si seguimos viendo al otro como competidor y al planeta
como recurso, cualquier reforma será superficial. Creo que el futuro económico depende de
nuestra capacidad de empatía y de nuestra disposición a cooperar. Tal vez no se trate de
suprimir el capitalismo, sino de humanizarlo, poniendo la vida y no el lucro en el centro de
nuestras decisiones.
El futuro del sistema económico y la sociedad no será el resultado de una fuerza
inevitable, sino de las decisiones conscientes que tomemos hoy. Rehumanizar la economía no
es una ilusión: es una necesidad urgente. Si en el siglo XXI logra combinar el conocimiento
tecnológico con una nueva conciencia ética, tal vez encontremos el equilibrio que tanto
hemos perdido. Al final, la economía debería ser solo un medio para algo mucho más grande:
la posibilidad de vivir con dignidad, en comunidad y en paz con la Tierra.
REFERENCIAS
Klein, N. (2014). This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate. Simon & Schuster.
Piketty, T. (2020). Capital e ideología. Deusto.
Raworth, K. (2017). Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century
Economist. Chelsea Green Publishing.
Morin, E. (2011). La vía: Para el futuro de la humanidad. Paidós.
Plantea una pregunta profunda sobre el sentido real de la economía y su relación con el ser humano, en que el sistema actual ha perdido su propósito original al priorizar el lucro sobre la vida y el bienestar colectivo. El llamado a “rehumanizar la economía”, es interesante ya que no se trata solo de cambiar políticas, sino de transformar nuestros valores y formas de convivencia.
ResponderBorrar"la búsqueda del progreso, pero también la pérdida del sentido", es una frase del texto que, en definitiva sintetiza el actuar de las personas en la actualidad, pues, en gran parte, el sistema económico capitalista de la mano con la tecnología han generado que las personas sean más dependientes, perdiendo en sentido de criterio propio; pero lo más peculiar es que la sociedad cree ser libre al momento de buscar el bienestar propio, cuando en realidad se están auto explotando confundiendo el bienestar con la obtención y acumulación de dinero, bienes y servicios. Por eso, es que resulta tan importante tomar conciencia sobre cómo estamos entendiendo y usando cada mercancía novedosa que aparece en el mercado, pues, esta debe contribuir al bienestar del medio ambiente y la sociedad en general
ResponderBorrarLa verdad, este texto aborda un tema muy profundo sobre la realidad del sistema económico que tenemos actualmente. Sin embargo, siento que presenta muy pocas bases sólidas para sustentar lo que afirma; se queda más en una opinión personal del autor sobre cómo percibe el sistema económico y sus dinámicas. Aun así, el texto cumple una función reflexiva importante: nos invita a pensar qué será de nosotros si, en lugar de que el sistema económico trabaje para nuestro bienestar, somos nosotros quienes terminamos trabajando para sostenerlo. En ese sentido, señala un punto fundamental: la necesidad de replantearnos la forma en que dirigimos nuestra economía y la manera en que construimos nuestras relaciones sociales dentro de ella. En última instancia, el texto nos empuja a cuestionar si el modelo actual realmente nos sirve, o si somos nosotros quienes estamos sirviendo al modelo sin darnos cuenta. Y esa reflexión es crucial para imaginar cambios futuros.
ResponderBorrarEl texto nos transmite una preocupación muy actual. la sensación de que la economía se volvía un fin en sí misma y no un medio para vivir mejor. La reflexión inicial esta atrapada en esa duda. - si servimos al sistema o él a nosotros- le da un tono honesto y cercano a lo que se habla en el texto.
ResponderBorrarLo que sí noto es que, aunque la crítica al capitalismo está bien planteada, algunas ideas podrían desarrollarse un poco más para que no queden tan apoyadas en referencias externas. Sería bueno ver más ejemplos y experiencias personales que refuercen la idea del texto.
Me gusta el cierre porque no se limita a criticar, sino que nos propone un camino basado en valores, empatía y responsabilidad colectiva. La invitación a " rehumanizar la economía" le da un tono de esperanza y le da coherencia al mensaje. En general, es un texto claro y con una postura firme, solo lo podría fortalecer mostrando más la voz propia del autor en los argumentos.
El texto plantea una reflexión profunda y honesta sobre el sentido humano de la economía, cuestionando si este sistema sigue siendo una herramienta para el bienestar o si se ha convertido en una estructura que condiciona nuestra forma de vivir. Con un tono personal y crítico, señalas cómo la búsqueda de progreso ha derivado en desconexión, desigualdad y una crisis de valores. Además, propones una idea poderosa: la necesidad de rehumanizar la economía, recordando que su propósito debe ser la vida y no la acumulación. En conjunto, el texto invita a reconsiderar nuestras prioridades como sociedad y a asumir que el futuro dependerá de decisiones éticas y colectivas, no solo de avances tecnológicos o lógicos del mercado.
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