Geidy Vanessa Cerón Urrea
Las sociedades humanas se han caracterizado por su constante evolución,
adaptándose y modificándose a medida que enfrentan nuevas dificultades y
contradicciones inherentes a sus sistemas económicos y sociales. Como señalan
Plotinsky y Mutuberría (2014) y Guerra (2010), los sistemas económicos han sido
agentes de transformaciones importantes, no solo porque regulan la producción y
distribución de bienes, sino también porque determinan cómo interactuamos,
construimos identidades y coexistimos con nuestro entorno (Guerra, 2010).
En el siglo XXI, la región presencia la aparición de alternativas que
cuestionan las bases esenciales del capitalismo y del desarrollo occidental. Estas
opciones valoran el conocimiento ancestral, la economía solidaria y la organización
comunitaria como medios para cambiar (Novillo, 2016; Rojas, 2023)
Este ensayo examinará la manera en que América Latina, ante el
agotamiento del modelo de desarrollo tradicional, se torna en un espacio para
propuestas transformadoras mediante la economía solidaria y el paradigma del buen
vivir. Se estudiarán sus bases, efectos específicos y restricciones para luego
determinar si representan un camino viable hacia sociedades más equitativas y
sostenibles.
La economía solidaria se distingue de los sistemas convencionales por dar
primacía al bienestar del colectivo sobre las ganancias individuales (Otero, 2024).
Se trata de un modelo que tiene como fundamento la inclusión, la colaboración y la
sostenibilidad. Este enfoque no es una creación moderna, sino que revive maneras
de organización económica que son "mucho más antiguas que el capitalismo"
(Economía Solidaria, 2012).
En Colombia, las cooperativas y los fondos de empleados constituyen en
Colombia experiencias firmes de economía solidaria. "Las cooperativas son la única
opción ante el modelo económico basado en la desigualdad y el egoísmo", sostuvo
Joseph Stiglitz, economista galardonado con el Nobel (Mintrabajo, 2017). Si la
economía no sirve a la mayoría de los ciudadanos, será una economía fallida, y las
cooperativas constituyen el mejor modelo socioeconómico para enfrentar los
desafíos contemporáneos (Mintrabajo, 2017). Las cooperativas ponen al ser
humano en el centro de sus preocupaciones, y su desempeño empresarial está
encaminado a la creación de valor social, cultural, económico y financiero
(Confecoop, 2022).
Estas experiencias evidencian la capacidad del trabajo autogestionado y
solidario para generar empleo digno, distribuir en forma equitativa los excedentes y
sostener territorios frente a las crisis sistémicas (Manual Economía Solidaria, 2019).
Rojas (2023) señala que estos procesos no son simplemente paliativos frente a
situaciones de emergencia, sino que configuran nuevas lógicas de producción,
intercambio y consumo donde la sostenibilidad y la solidaridad son principios
rectores.
Paralelamente a la economía solidaria, América Latina ha aportado al
pensamiento crítico global el concepto del "buen vivir" o "vivir bien", rescatando los
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postulados de sus pueblos originarios (Mejía, 2015). El buen vivir rechaza la
concepción occidental del desarrollo como acumulación material infinita,
proponiendo en cambio una vida en armonía con los ciclos naturales y priorizando el
bienestar colectivo sobre el individuo.
En el contexto colombiano actual, el gobierno de Gustavo Petro ha intentado
articular un "capitalismo democrático" que, según su visión, debe superar las
"mentalidades atávicas" propias de relaciones premodernas y construir una
democracia que permita un pluralismo de ideas y de economías, incluyendo el
cooperativismo (LATINDADD, 2023).
Las alternativas económicas latinoamericanas enfrentan desafíos
estructurales significativos. En primer lugar, operan dentro de un sistema global
donde el poder del capital transnacional es abrumador. Para que un modelo
alternativo de desarrollo tenga éxito, se requiere no solo cambios económicos
fundamentales, sino el reemplazo de regímenes políticos que respondan a los
intereses del bloque transnacional de fuerzas sociales dominantes (Harris, 2008).
La mayoría de los regímenes políticos seudodemocráticos necesitan
democratizarse concienzudamente para responder a las necesidades e intereses de
la mayoría de la población (Harris, 2008).
Según Harris (2008), es fundamental que América Latina se una económica y
políticamente, con recursos, estructuras y poder suficientes para operar sin
depender de las corporaciones transnacionales y de Washington. Esta integración
regional posibilitaría que las naciones de Latinoamérica se liberaran del dominio
estadounidense y recuperaran la nacionalización perdida a causa de la globalización
neoliberal.
Sin embargo, los intentos de integración regional han enfrentado obstáculos
políticos, económicos e ideológicos considerables.
No obstante, el buen vivir y la economía solidaria ofrecen formas concretas para
encarar la crisis ecológica y social, garantizar derechos esenciales a los grupos con
frecuencia marginados (Razeto, 1999; Novillo, 2016) y ampliar la ciudadanía
económica. Su relevancia en América Latina no radica únicamente en sus
resultados concretos, sino también en su habilidad para inspirar a las generaciones
venideras a crear sistemas económicos orientados hacia la justicia, la dignidad
humana y la sostenibilidad (Villalba y Pérez, 2019).
En América Latina, a pesar de las crisis cíclicas y los retos estructurales,
también se dan experiencias alternativas que proponen un modo distinto de vivir y
producir. El buen vivir y la economía solidaria muestran que las comunidades son
capaces de generar prácticas emancipadoras que desafían la centralidad del capital
y abren horizontes de esperanza colectiva. Sin embargo, la viabilidad de estas
alternativas depende de factores que trascienden lo económico: requieren
democratización real, integración regional, y liderazgos comprometidos. El futuro de
la región no está predeterminado entre capitalismo o socialismo, sino que se está
construyendo en experiencias locales y comunitarias que prefiguran posibilidades de
organización social donde la vida digna, la solidaridad y la armonía con la naturaleza
prevalezcan sobre la acumulación y el lucro.
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REFERENCIAS
Confecoop. (2022, 16 de mayo). Economía cooperativa, social y solidaria: Un asunto
de interés general para la sociedad. Confederación Cooperativa de Colombia.
https://n9.cl/sn0mw
Economía Solidaria. (2012, 25 de julio). La economía solidaria es una alternativa a
la crisis del capitalismo. https://n9.cl/9n5jz
Guerra, P. (2010). La economía solidaria en Latinoamérica [Archivo PDF].
https://n9.cl/dyby9
Harris, H. (2008). Alternativas latinoamericanas frente a la globalización y el
capitalismo. Revista Nueva Sociedad. https://n9.cl/f22os
LATINDADD. (2023, 03 de abril). El sueño de un capitalismo democrático y
benévolo para Colombia. https://n9.cl/obvgg
Manual Economía Solidaria y El Buen Vivir. (2019). Manual Economía Solidaria y El
Buen Vivir. Repositorio AMPF [Archivo PDF]. ht3ps://n9.cl/jgpjjc
Mejía, M. (2015, 30 de septiembre). Reconfiguración del capitalismo globalizado y
resistencias desde América Latina. Revista Nómadas. https://n9.cl/hfooz
Ministerio del Trabajo. (2017). Economía solidaria, economía del futuro. MinTrabajo
Colombia. https://n9.cl/5w9nh5
Novillo, E. (2016). La Economía Social y Solidaria: Una economía para las
personas. Economía Solidaria. https://n9.cl/92w1y
Otero, A. (2024, 25 de noviembre). Economía solidaria, el camino hacia un futuro
sostenible. Blog Coomeva. https://n9.cl/o9toj
Plotinsky, D. y Mutuberría, V. (2014). La economía social y solidaria en la historia de
América Latina y el Caribe. RIPESS [Archivo PDF]. https://n9.cl/evc92
Razeto, L. (1999). La economía de solidaridad: Concepto, realidad y proyecto.
Revista Persona y Sociedad [Archivo PDF]. https://n9.cl/px0g
Rojas, S. (2023). Consideraciones Sobre la Economía Solidaria Comunitaria.
Perspectiva Teórica y Contexto Colombiano. Revista Ciencia Latina.
https://n9.cl/4ncgr1
Villalba-Eguiluz, U., Pérez-de-Mendiguren, J. C. (2019). La economía social y
solidaria como vía para el buen vivir. Iberoamerican Journal of Development
Studies, vol. 8(1):106-136. DOI: 10.26754/ojs_ried/ijds.338
Nos cuenta con claridad cómo América Latina busca alternativas frente al agotamiento del modelo capitalista, destacando la economía solidaria y el buen vivir como propuestas que priorizan el bienestar colectivo y la sostenibilidad. Podemos decir que la idea de que estos modelos no solo representan una respuesta económica, sino también un cambio cultural y ético frente a la desigualdad y la crisis ambiental donde el progreso no se mida solo en cifras, sino en calidad de vida y justicia social.
ResponderBorrarla autora del texto nos muestra que América Latina no solo es una región llena de problemas, sino también un lugar donde están surgiendo ideas nuevas para cambiar la forma en que entendemos la economía. En vez de seguir copiando modelos que han demostrado no funcionar del todo: como el crecimiento infinito o el desarrollo basado solo en el dinero. Aquí aparecen propuestas que ponen a las personas y a la naturaleza en el eje central del analisis.
ResponderBorrarLo interesante es que muchas de estas alternativas no son inventos recientes. Son formas de organización que vienen de las comunidades, de los pueblos originarios y de la tradición cooperativa. La economía solidaria, por ejemplo, demuestra que es posible trabajar y producir sin explotar a otros, que se pueden repartir los excedentes de forma justa y que una empresa también puede tener como objetivo el bienestar común. Y el buen vivir nos recuerda que el desarrollo no es acumular cosas, sino vivir en equilibrio con quienes nos rodean y con el medio ambiente.
El ensayo ofrece un análisis robusto acerca de la función de América Latina en la creación de modelos económicos diferentes. Manifiesta cómo la economía solidaria y el buen vivir surgen como alternativas a las restricciones del desarrollo convencional y proponen enfoques enfocados en la colaboración, la sostenibilidad y el bienestar común. La evaluación de experiencias como las cooperativas en Colombia revela que hay prácticas que pueden crear empleo digno y fortalecer a las comunidades.
ResponderBorrarEl artículo también subraya las dificultades estructurales que deben enfrentar estas opciones, en particular la intervención del capital transnacional y la urgencia de una mayor democratización e integración regional. Sin embargo, destaca que las propuestas de América Latina no solo ofrecen soluciones económicas, sino también una perspectiva diferente sobre la convivencia y la relación con la naturaleza.
En resumen, el texto indica que la región cuenta con recursos conceptuales y prácticos que pueden contribuir a modelos más equitativos, aunque su establecimiento requiere transformaciones políticas profundas y un compromiso colectivo para modificar las bases del sistema vigente
ResponderBorrarEs agradable como se presenta de forma muy clara cómo América Latina se ha convertido en un territorio donde surgen alternativas reales frente a un modelo económico que ya muestra signos de agotamiento. Me parece acertado que destaque la economía solidaria y el buen vivir no como simples paliativos, sino como propuestas concretas que ponen en el centro a las comunidades y a la vida misma. Sin embargo, también es evidente que estas alternativas chocan con estructuras políticas y económicas mucho más grandes, lo que hace que sus avances sean lentos y, a veces, frágiles. Aun así, creo que el valor del texto está en recordar que en la región ya existen prácticas que desafían la lógica del capital, y que aunque no sean la solución definitiva, sí abren la posibilidad de pensar un futuro más justo y sostenible desde lo local y lo colectivo.
El ensayo presenta una reflexión sólida y bien fundamentada sobre el papel de América Latina en la construcción de modelos económicos alternativos basados en la solidaridad, la sostenibilidad y los saberes ancestrales. Al articular la economía solidaria con el paradigma del buen vivir, el texto muestra cómo la región no solo cuestiona los límites del capitalismo tradicional, sino que también propone caminos propios para enfrentar la desigualdad y la crisis ecológica. Aunque reconoce los obstáculos estructurales como el poder del capital transnacional y la falta de integración regional destaca que las prácticas comunitarias ya existentes son semillas reales de transformación. En conjunto, el texto plantea una mirada crítica pero esperanzadora sobre la capacidad latinoamericana para imaginar y construir futuros económicos más justos y humanos.
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