jueves, 6 de noviembre de 2025

Homo economicus: la razón que mueve la historia y la economía

 AMY NATHALY REYES TRIANA


A lo largo de la historia, el ser humano se ha definido por múltiples características

que lo distinguen del resto de los seres vivos: su capacidad racional, su sentido

ético, su lenguaje, su cultura y su naturaleza social. Sin embargo, detrás de todas

estas cualidades hay un rasgo que ha guiado la evolución de la humanidad y ha

determinado la manera en que organiza su existencia: su condición de ser

económico. Desde los primeros intercambios de bienes en comunidades primitivas

hasta los mercados globales del siglo XXI, el hombre ha buscado satisfacer sus

necesidades y alcanzar el bienestar mediante el cálculo racional de sus acciones y

la administración de los recursos disponibles.

El presente ensayo propone una reflexión crítica sobre esta condición económica

del ser humano y su papel como fuerza impulsora de la historia. A partir de una

revisión de los principales modelos económicos, se busca comprender cómo el

homo economicus ha orientado el rumbo de las sociedades y cómo este concepto

se resignifica hoy ante la irrupción de la inteligencia artificial, que redefine el trabajo,

la producción y el papel del ser humano en la economía global.

Según Gómez (2025) el ser humano es un ser racional, ético, lingüístico, cultural,

social, todas estas características y muchas más lo logran diferenciar de otros

animales, que pueden mostrar trazos de cada característica, pero no de la manera

combinada, evolutiva e integral que un ser humano, diremos entonces por objeto de

este ensayo que aquella característica que le da propósito a todos las demás

características, la más importante de todas, es su característica como ser

económico, pensado desde la antigüedad por figuras como Aristóteles, referido por

primera vez por el padre de la economía Adam Smith, pero plasmado por primera

vez en el siglo XIX por John Stuart Mill, este término nos dirá que el hombre busca

su satisfacción de manera natural tras evaluar los posibles costes y beneficios de

una actuación, para esto el ser humano utiliza su capacidad de ser racional

(Martínez-Casasola, 2020). Esa necesidad natural de maximizar los beneficios es el

impulso de la historia, lo que ha llevado al ser humano desde la comunidad

primitiva, caracterizada según Gayubas, por basarse en la subsistencia, ejerciendo

diversas formas de cooperación entre individuos, producir para vivir y no para

acumular, hasta el actual capitalismo, el modelo imperante en Occidente, vemos la

característica del homo economicus de maximizar los beneficios en todo su

esplendor en esta descripción del capitalismo “La sociedad entera funciona,

entonces, buscando obtener un beneficio, esto es, un ingreso económico mayor a

los egresos, que permita un excedente de capital (con el cual consumir, invertir o

ahorrar.” (Etecé, 2025.) vemos que, en ambos modelos, a pesar de tener una

diferencia temporal de más de 10.000 años, podemos notar que en ambos el ser

humano, acorde a su entorno y sus herramientas, utiliza su razón para maximizar

los beneficios, aunque lo hagan por motivos distintos, lo que prueba nuestro primer

punto.

Esta característica inherente nos ha impulsado a modelos económicos diseñados

para privilegiar y mantener en el poder a las clases que lograron situarse arriba,

como el feudalismo de la edad oscura, con la opresión económica justificada con la

religión, o la mayor prueba, el previo esclavismo, un sistema cuya mayor

característica es la coerción, la explotación y la privación de los derechos y

libertades de los esclavos, estos dos ejemplos vistos desde el término del hombre

económico pueden terminar siendo justificados como medios para “evitar los costes

y maximizar los beneficios” la duda es, ¿para quién se lleva a cabo esta labor? En

modelos como la comunidad primitiva puede que no se le diera más valor a un ser

humano respecto a otro según su acumulación, porque la acumulación nunca fue el

propósito en la época, pero de ahí en adelante, no podemos decir que el homo

economicus se utilice para el beneficio social, sino meramente para el privado, aquí

entra el punto clave, teniendo en cuenta esta condición que venimos llamando

natural, al punto de convertirse en una tendencia que se repite a lo largo de la

historia una y otra vez pero en diferentes formas, ¿cómo reflexionamos sobre hacia

dónde apunta el futuro del sistema económico y la sociedad? Para responder esta

pregunta quiero abarcar dos puntos, el homo economicus y la inminente intromisión

de la inteligencia artificial en todos los aspectos de la vida del ser humano, llegando

a la economía mundial, a través de aspectos como una reconfiguración del trabajo,

con el reemplazo de las personas por las máquinas, “casi un 40% del empleo

mundial está expuesto a la IA. Históricamente, la automatización y la tecnología de

la información han tendido a afectar las tareas rutinarias, pero una de las

características que diferencia a la IA es su incidencia en trabajos de alta

cualificación.” (Furman & Georgieva, 2024). Esta es solo una de las afectaciones

que estamos viviendo actualmente, lo que nos lleva a cuestionar si el modelo actual,

basado en la búsqueda constante de rentabilidad y eficiencia, podrá sostener la

centralidad del ser humano dentro de la economía. Si la historia ha demostrado que

el homo economicus utiliza su razón y creatividad para maximizar los beneficios,

hoy nos enfrentamos al riesgo de que esa capacidad sea transferida e incluso

superada por sistemas artificiales que aprenden y deciden con mayor velocidad. Sin

embargo, la verdadera diferencia radica en que, a pesar de todos los avances

tecnológicos, el ser humano sigue siendo un ser ético y social, capaz de dotar de

sentido moral a sus acciones económicas, algo que las máquinas aún no pueden

hacer.

En este punto, la característica de ser económico debería evolucionar hacia una

forma más consciente y sostenible. Si en el pasado la economía fue motor de

dominación o desigualdad, en el presente debe orientarse hacia el bien común,

integrando valores éticos, culturales y ambientales. El reto no está en detener el

progreso, sino en redefinir el propósito del progreso: que la búsqueda de beneficios

no signifique excluir, sino incluir; no destruir, sino regenerar.

Así, el hombre económico del siglo XXI debe transformarse en un hombre que

coopera, un hombre ético, un ser que reconozca que su bienestar depende del de

los otros y del equilibrio del planeta. La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías

pueden ser aliadas en este proceso si se ponen al servicio del desarrollo humano

integral, no de la mera acumulación de capital.

En conclusión, la historia económica demuestra que nuestra naturaleza de seres

racionales y económicos ha impulsado el avance de la civilización, pero también sus

desigualdades. Hoy, ante la revolución tecnológica, tenemos la oportunidad de

redefinir lo económico desde lo humano: usar nuestra racionalidad, ética, lenguaje y

cultura para construir un sistema donde el progreso no se mida solo en términos de

productividad, sino también en dignidad, justicia y sostenibilidad. Esa será, quizá, la

mayor evolución del ser económico: pasar de la maximización del beneficio

individual a la optimización del bienestar colectivo.


REFERENCIAS:

Gómez, María Inés (19 de julio de 2025). Ser humano. Enciclopedia Concepto. Recuperado

el 5 de noviembre de 2025 de https://concepto.de/ser-humano/.


Luis Martínez-Casasola Hernández. (2020, diciembre 2). Homo economicus: qué es y cómo

explica el comportamiento humano. Portal Psicología y Mente.

https://psicologiaymente.com/cultura/homo-economicus


Gayubas, Augusto (1 de agosto de 2025). Comunidad primitiva. Enciclopedia Concepto.

Recuperado el 5 de noviembre de 2025 de https://concepto.de/comunidad-

primitiva/.


Equipo editorial, Etecé (11 de octubre de 2025). Capitalismo. Enciclopedia Concepto.

Recuperado el 6 de noviembre de 2025 de https://concepto.de/capitalismo/.


Furman, J., & Georgieva, K. (2024, enero 14). La inteligencia artificial transformará la

economía mundial: asegurémonos de que beneficie a la humanidad. Fondo


Monetario Internacional (FMI). https://www.imf.org/es/Blogs/Articles/2024/01/14/ai-

will-transform-the-global-economy-lets-make-sure-it-benefits-humanity

18 comentarios:

  1. Este texto me hace pensar en cómo, a lo largo de la historia, hemos organizado nuestra vida alrededor de la búsqueda del bienestar y del manejo de los recursos. La idea del homo economicus muestra que el ser humano siempre intenta maximizar lo que obtiene, pero también evidencia que muchas veces esa búsqueda termina beneficiando a unos pocos y creando desigualdad. Ahora, con la inteligencia artificial transformando el trabajo y las relaciones económicas, surge la pregunta de si seguiremos priorizando la eficiencia por encima de lo humano. La reflexión invita a imaginar una economía que no solo produzca más, sino que cuide más: una donde el bienestar colectivo tenga más peso que la ganancia individual.

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  2. Este texto me pone a reflexionar al respecto de cómo los seres humanos tenemos la manera de maximizar o de buscar un beneficio al respecto de cómo automatizar ciertas tareas para que así podamos beneficiarnos

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  3. Algo que suele pasarse por alto es que, más allá de la tecnología o los sistemas políticos, lo que realmente ha movido a las sociedades son las decisiones que tomamos como especie cuando buscamos vivir mejor. Hoy, con la llegada de la IA, ese mismo impulso parece entrar en un punto crítico, ya no solo competimos con otros humanos, sino con sistemas capaces de razonar y optimizar más rápido que nosotros. Aunque como señala la autora, ese recorrido histórico también muestra que la economía no es un destino inevitable, sino una construcción que puede reorientarse. Por eso, el desafío no es frenar la tecnología, sino decidir para qué la queremos. Si logramos que el homo economicus evolucione hacia una visión más ética, cooperativa y sostenible, la IA podría servir como herramienta para mejorar la vida y no para desplazarla.

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  4. El ensayo ofrece una perspectiva profunda y muy humana sobre cómo hemos forjado nuestra historia a partir de la búsqueda de bienestar y supervivencia. Se percibe que tras cada aclaración existe un genuino interés por comprender por qué comportamos y a dónde nos conduce esa lógica que ha orientado a la humanidad a lo largo de milenios.
    La manera en que presenta la evolución del homo economicus enlaza perfectamente modelos tradicionales con la situación actual. No parece algo forzado ni técnico: se percibe más como un esfuerzo sincero por entender cómo evolucionamos de intercambiar para sobrevivir a existir en un sistema que cuantifica casi todo en términos de eficiencia y lucro. Esa transparencia permite que el texto sea comprensible, incluso para aquellos que no son especialistas en economía.
    Uno de los aspectos más humanos del ensayo es la consideración sobre la inteligencia artificial. No lo presenta como una amenaza exagerada, sino como un cambio que genera inquietud porque afecta lo más fundamental: el empleo, el propósito, el rol del ser humano en la sociedad. Igualmente resalta el llamado moral al final. No describes la economía como un elemento frío o ineludible, sino como un ámbito que podemos modificar si recordamos que somos más que solo números: somos individuos con empatía, cultura, historia y conexiones. Esa propuesta de transitar del provecho personal al bienestar compartido es posiblemente el aspecto más humano y optimista del escrito

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  5. El texto presenta una reflexión amplia y ambiciosa sobre la condición económica del ser humano y su evolución a lo largo de la historia, articulando la idea central de que el homo economicus ha sido un motor clave en el desarrollo de las sociedades. Uno de los mayores aciertos del ensayo es su capacidad para conectar conceptos clásicos de la teoría económica como los planteados por Aristóteles, Adam Smith o John Stuart Mill con fenómenos contemporáneos como la inteligencia artificial y la reconfiguración del trabajo. Esta articulación otorga cohesión al argumento y muestra una comprensión sólida de la economía como un proceso histórico en constante transformación.

    No obstante, aunque el texto es rico en referencias y presenta una tesis clara, en algunos momentos tiende a generalizar o a asumir que la búsqueda racional de beneficios es la característica más esencial del ser humano, sin problematizar lo suficiente esta afirmación. La noción de homo economicus ha sido ampliamente criticada por su simplificación de la conducta humana; reducir la complejidad del comportamiento social, afectivo y moral a una lógica de maximización puede dejar afuera dimensiones importantes, como el altruismo, la cooperación espontánea o los condicionamientos culturales y emocionales. El texto menciona estas características humanas, pero no profundiza en cómo interactúan o entran en tensión con el impulso económico.

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  6. Este ensayo resulta interesante porque recorre la historia económica desde sus orígenes hasta el presente, mostrando cómo cada sistema ha transformado nuestras formas de vivir y trabajar. Frente al avance acelerado de la inteligencia artificial, plantea una pregunta necesaria: ¿cómo evitar que estos cambios tecnológicos generen desempleo masivo? Más allá de los modelos y funciones cuantitativas, el pensamiento económico crítico se vuelve fundamental para anticipar soluciones y orientar el rumbo del sistema. En este contexto, la educación y la especialización son claves, porque solo una sociedad con conocimiento y capacidad de adaptación podrá enfrentar el cambio tecnológico sin quedar atrás y sin perder sus oportunidades laborales.

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  7. El ensayo presenta una reflexión valiosa y optimista sobre la evolución del homo economicus y su papel en la historia. Me parece acertado que destaque cómo la racionalidad económica ha impulsado los sistemas sociales desde las comunidades primitivas hasta el capitalismo actual, pero también cómo esa misma capacidad puede transformarse para construir un futuro más justo. El texto ofrece una visión positiva al señalar que, frente al avance de la inteligencia artificial, el ser humano no pierde relevancia, sino que debe fortalecer su dimensión ética y colectiva. Esta perspectiva es esperanzadora porque propone que la economía del siglo XXI no se limite a maximizar beneficios, sino que integre sostenibilidad, cooperación y bienestar común como nuevos motores del progreso humano.

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  8. El texto ofrece una reflexión clara y bien articulada sobre cómo el homo economicus ha influido en la evolución de los sistemas sociales y económicos a lo largo de la historia. Su principal fortaleza es mostrar que, desde las comunidades primitivas hasta el capitalismo actual, el ser humano ha actuado guiado por la búsqueda racional de beneficios. Además, la comparación con modelos como el feudalismo y el esclavismo permite cuestionar para quién se maximiza realmente ese beneficio, introduciendo una perspectiva crítica sobre la desigualdad histórica.

    El análisis se actualiza al vincular este concepto con la llegada de la inteligencia artificial, planteando un debate pertinente sobre el futuro del trabajo y el riesgo de que la racionalidad económica sea superada por sistemas automatizados. El cierre del texto propone transformar al homo economicus en un ser más ético y cooperativo, lo cual aporta una visión humanista necesaria para enfrentar los desafíos contemporáneos.

    En síntesis, es un texto que combina historia, crítica y proyección futura de manera efectiva, invitando a repensar el papel del ser humano en la economía del siglo XXI.

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  9. El texto presenta bien la idea central. Mostrar cómo lo económico ha sido una constante en la historia humana. La introducción es clara y ordenada, y eso nos permite entender rápidamente hacia dónde ira este ensayo.
    Algo que sí se nota es que, en varias partes, el desarrollo se apoya demasiado en explicaciones históricas y citas, dejando un poco opacada la voz de la autora. Podría haber un poco más análisis personal y menos descripción, sobre todo cuando se mencionan modelos económicos o la llegada de la inteligencia artificial.
    Aun así, el cierre esta muy bien porque nos propone una economía más consciente y humana. En general, este es un ensayo muy sólido, solo le faltaría un poco más de interpretación por parte de la autora.

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  10. Lo relevante del texto es su reflexión sobre el presente y el futuro. Con la llegada de la inteligencia artificial, que está reemplazando trabajos humanos y tomando decisiones cada vez más rápido, nos enfrentamos a una pregunta crucial: ¿seguirá el ser humano siendo el centro de la economía? El autor propone que la diferencia está en que nosotros somos seres éticos y sociales, capaces de dar sentido moral a nuestras acciones, algo que las máquinas no pueden hacer. El mensaje final es esperanzador: debemos evolucionar de buscar solo el beneficio individual a trabajar por el bienestar de todos. La tecnología puede ayudarnos en este cambio si la usamos para el desarrollo humano y no solo para acumular dinero.

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  11. El ensayo ofrece una reflexión optimista sobre cómo ha cambiado el homo economicus y su papel en la historia. Me parece acertado que muestre cómo la racionalidad económica ha guiado a las sociedades, y cómo ahora puede servir para crear un futuro más justo. También es muy positivo que destaque que, frente a la inteligencia artificial, el ser humano sigue siendo importante, especialmente por su dimensión ética. En general, la idea de una economía que busque sostenibilidad, cooperación y bienestar común resulta muy esperanzadora.

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  12. Para mí, este escrito representa una reflexión sobre la idea del homo economicus: ese ser humano que siempre busca maximizar lo que produce, hacer cada vez más en menos tiempo y alcanzar la mayor eficiencia posible en todo lo que hace. Esa mentalidad ha impulsado buena parte del desarrollo que conocemos hoy, incluida la inteligencia artificial.
    La IA es precisamente una expresión de ese deseo de maximización. Nos permite realizar tareas en segundos que antes tomaban horas, y su crecimiento ha sido sorprendentemente acelerado. Desde el 2020 en adelante, la inteligencia artificial ha adquirido una fuerza enorme y se ha convertido en una de las revoluciones más grandes de la economía contemporánea.
    Sin embargo, este impulso constante por maximizarlo todo también ha generado desigualdades. Las personas que logran producir más son las que terminan obteniendo mejores ingresos, mejores oportunidades y mejores condiciones de vida. Por eso considero que la tecnología "incluida la IA" debería utilizarse de otra manera: no solo para aumentar la productividad, sino para permitir que cada persona pueda desarrollarse, mejorar su bienestar y vivir en condiciones más justas.

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  13. Al leer este texto, me siento muy conectado con la idea de que la tecnología solo tiene sentido si está al servicio de las personas. Me gusta cómo plantea que el verdadero progreso no se mide por cuánto producimos, sino por la dignidad y el bienestar que logramos construir juntos. Este mensaje me inspira porque nos invita a pensar en una economía más humana, donde la ética y la solidaridad sean el centro. Siento que esta visión sí puede guiarnos hacia un futuro más justo y sostenible para todos.

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  14. Este texto refleja una visión muy importante: las tecnologías, incluida la inteligencia artificial, deben servir para mejorar la vida humana en su totalidad, no solo para enriquecer a unos pocos. Me parece esencial que la racionalidad y la ética guíen cómo construimos el sistema económico del futuro, valorando la dignidad y la justicia tanto como la productividad. Esta evolución hacia un bienestar colectivo me parece la transformación más profunda que podemos lograr, y un verdadero avance en nuestra historia como seres económicos y sociales.

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  15. Este ensayo está bien pensado y tiene una idea central fuerte: mostrar cómo el “ser económico” ha guiado la historia y cómo hoy, con la IA, estamos ante un punto de quiebre. Explicas bien el recorrido histórico y conectas las ideas con argumentos sólidos. Si le hiciera falta algo, sería concretar un poco más las consecuencias actuales de la IA con un ejemplo o caso real para hacerlo más cercano. Pero en general es un texto claro, serio y con buena reflexión.

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  16. Este ensayo me pareció muy completo y bien pensado. Me gustó cómo lograste conectar la idea del homo economicus desde la antigüedad hasta la actualidad, incluyendo ejemplos históricos y modernos como la inteligencia artificial. También se nota que investigaste bastante y usaste buenas fuentes para explicar tus ideas. Además, la reflexión final es muy fuerte porque nos invita a pensar en una economía más justa y humana.

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  17. Este texto expone de manera atractiva la situación del Homo economicus desde las comunidades primitivas hasta la actualidad, en cuanto su deseo de suplir o satisfacer las necesidades y por supuesto alcanzar un buen nivel de bienestar. Con esto surgen distintas problemáticas donde se puede llegar a observar la insensibilidad del ser humano cuando se trata de él mismo, sin importarle su alrededor. Es por esto que nos pone a reflexionar sobre la importancia de las relaciones del ser humano con el planeta y mas recientemente con la inteligencia artificial.

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  18. El homo economicus como motor histórico de la organización social, destaca cómo la racionalidad orientada a la maximización de beneficios ha atravesado diferentes sistemas económicos desde las comunidades primitivas hasta el capitalismo contemporáneo, y aunque las estructuras productivas y las tecnologías varíen, persiste un patrón de comportamiento basado en incentivos y decisiones racionales, coherente con enfoques clásicos y modernos de la teoría económica. Asimismo, resulta valiosa la crítica a la instrumentalización de esta racionalidad para justificar desigualdades históricas, como en el feudalismo o la esclavitud, recordando que la eficiencia económica muchas veces ha servido a intereses particulares más que al bienestar común. La incorporación del impacto de la inteligencia artificial permite actualizar el análisis y conecta la racionalidad humana con el desafío contemporáneo de delegarla en sistemas que podrían superar nuestras capacidades decisionales, lo que plantea interrogantes sobre el futuro del trabajo, la distribución del ingreso y la centralidad del ser humano en la economía. Esta discusión es especialmente relevante, pues la automatización no solo amenaza tareas rutinarias, sino también ocupaciones altamente calificadas, lo que obliga a reconsiderar los fundamentos del modelo económico actual. El cierre del ensayo, que plantea la necesidad de transformar al homo economicus en un agente más ético, cooperativo y sostenible, es esencial y coherente con tendencias recientes como la economía del bienestar, la economía ecológica y la economía conductual, que cuestionan la maximización individual como único criterio de racionalidad.

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