jueves, 6 de noviembre de 2025

Repensar la economía en la era digital: ¿estamos preparados?

 Mayra Alejandra Medina Pechené


El siglo XXI ha sido testigo de una transformación económica sin precedentes. La

digitalización, la inteligencia artificial, el big data y las plataformas virtuales han redefinido la

manera en que producimos, consumimos y nos relacionamos. En palabras de Klaus Schwab

(2016), fundador del Foro Económico Mundial, “estamos viviendo una cuarta revolución

industrial que fusiona los mundos físico, digital, económico y biológico”. Con eso se refiere a

que hoy en día la tecnología está mezclando todos los aspectos de nuestra vida: lo que somos,

lo que hacemos y cómo nos relacionamos con el mundo.

Sin embargo, este cambio no está exento de dificultades y desigualdades. Las promesas

de eficiencia, equidad social y progreso conviven con desafíos como la concentración del poder

económico y riquezas, la precarización laboral y la pérdida de privacidad. En el presente ensayo

se busca analizar un poco del contexto histórico del modelo económico que principalmente ha

regido el mercado global (el capitalismo), la necesidad de modificar dicho modelo económico,

debido al surgimiento de nuevas tecnología e inteligencias artificiales, donde el rol de cada

persona en la sociedad se traduce prácticamente al uso responsable de la tecnología. De igual

manera se busca reflexionar hacia donde se está dirigiendo el sistema económico y la sociedad.

Para comenzar, capitalismo tuvo su gran apogeo con la Primera Revolución Industrial,

iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII. La introducción de la máquina de vapor, la

mecanización del trabajo y la producción en masa transformaron radicalmente la economía.

Hoy en día, el capitalismo como modelo económico ha logrado adaptarse a los cambios de la

historia, siendo la fuente de acumulación de riquezas de pocas personas, que, a su vez, esas

riquezas generan poder económico. También es importante resaltar que, aunque el capitalismo

ha impulsado avances tecnológicos y crecimiento económico, también ha profundizado las


desigualdades sociales, pues, su lógica de pensamiento se basa en la competencia, acumulación

y beneficio individual.

De lo anterior se puede inferir que, el capitalismo junto con los avances tecnológicos,

debe plantearse una nueva modalidad económica. Denominada, muy probablemente,

economía digital, la cual puede definirse como las actividades económicas que dependen del

uso intensivo de las tecnologías de la información, la comunicación y los datos. Según Tapscott

(1995), “la economía digital no solo transforma las herramientas de producción, sino también

las reglas del juego”. ¿por qué las reglas del juego?, pues, porque rompe los modelos

tradicionales de cómo se gana dinero, cómo se trabaja y quién tiene el poder. Ahora el que

domina los datos, la tecnología o las redes, tiene ventaja en el nuevo mercado económico y

muy seguramente nuestra democracia.

Uno de los efectos que han empezado a evidenciar de la economía digital es la

reconfiguración del trabajo. Las plataformas digitales han dado lugar a lo que algunos

especialistas del mercado denominan la gig economy o economía de los trabajos por encargo,

en la que el empleo tradicional es sustituido por tareas temporales mediadas por aplicaciones.

Esta flexibilidad, que, en la práctica, promete libertad al trabajador, muchas veces se

traduce en inseguridad y pérdida de derechos laborales. Como advierte Zuboff (2019), “el

capitalismo de la vigilancia convierte cada acción humana en una fuente de datos

comercializables”. En este sentido, el trabajador ya no solo produce bienes o servicios, sino

también información, lo que genera una nueva forma de explotación simbólica.

Empresas como Amazon, Google o Alibaba son ejemplos emblemáticos de este modelo:

su valor radica en la información que poseen, en la capacidad de analizar patrones de

comportamiento y en la interconexión global de los usuarios. De este modo, la economía digital

se posiciona en el futuro como el principal modelo económico y productivo. La reflexión central

es que vivimos en una economía donde la atención y los datos son la nueva forma de generar

capital y donde el poder se concentra en plataformas que saben más sobre nosotros de lo que

imaginamos. Esto pone en riesgo la privacidad, la autonomía y la libertad individual, ya que


cada decisión puede ser influenciada por algoritmos que priorizan el beneficio económico sobre

el bienestar humano.

En conclusión, este posible nuevo modelo económico, por sí solo no garantiza el

bienestar colectivo. La economía digital puede ser un instrumento de liberación o de

dominación, dependiendo de las políticas, limitaciones y valores éticos que la acompañen.

Como afirma Amartya Sen (1999), “el desarrollo debe medirse por la expansión de las libertades

humanas”. Porque sí, la tecnología nos facilita muchas cosas: comunicarnos al instante,

estudiar desde cualquier lugar, emprender y trabajar sin salir de casa o acceder a información

infinita. Pero al mismo tiempo, muchas veces nos vuelve más dependientes, vigilados o incluso

presionados por la velocidad del mundo digital. En pocas palabras, no basta con avanzar rápido;

hay que avanzar con un nuevo modelo económico que valga la pena, donde se disminuya la

desigualdad social, se promuevan practicas ecológicas con energías renovables y se fomente la

responsabilidad social al momento de hacer uso de la tecnología. Es así, que se lograra un

verdadero progreso económico y social.


REFERENCIAS


schwab, K. (2016, 03 de noviembre). La Cuarta Revolución Digital. Debate.

https://bit.ly/4oKjgjO

Sen, A. (1999, 01 de Enero). desarrollo y libertad. https://bit.ly/4oO7e95


Tapscott, D. (1997). La Economia digital: riesgos y promesas en la era de la inteligencia

en redes. https://bit.ly/47xl0WI


Zuboff, S. (2019). El Capitalismo de la Vigilancia. PublicAffairs. https://sl1nk.com/h3i9m

9 comentarios:

  1. Destaca el relacionamiento que hay en el origen del capitalismo con los del presente, mostrando cómo la tecnología ha transformado no solo la producción. Estoy de acuerdo con la idea de que la digitalización puede ser una oportunidad o una amenaza, dependiendo del uso responsable que le demos. Además hay que mencionar la pérdida de derechos laborales y la concentración del poder en grandes plataformas, temas que muchas veces se ignoran.

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  2. Si bien los avances en digitalización, inteligencia artificial y conectividad representan oportunidades enormes, tal como señala la autora del ensayo, es indispensable que este proceso esté guiado por principios éticos sólidos. La tecnología no puede seguir creciendo a costa de la dignidad humana, la justicia social o la destrucción del planeta. Es urgente que el modelo económico coloque como prioridad la vida en todas sus formas, y no únicamente la acumulación de capital. Solo así la transformación digital podrá dejar de ser una amenaza y convertirse verdaderamente en un camino hacia un progreso que valga la pena.

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  3. Se muestra de manera muy clara cómo la era digital está acelerando transformaciones que el modelo capitalista tradicional ya no puede sostener sin generar mayores desigualdades. Es cierto que la tecnología ha abierto caminos antes impensables, pero también ha concentrado el poder en manos de quienes controlan los datos y las plataformas, dejando al resto en condiciones laborales cada vez más frágiles. Por eso, resulta urgente repensar no solo la economía digital, sino también los valores que la orientan, porque de nada sirve avanzar tecnológicamente si ese progreso no se traduce en bienestar colectivo ni en un uso ético de la información. En últimas, el reto es construir un sistema económico que no dependa de la explotación, sino de prácticas más justas, sostenibles y centradas en las personas.

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  4. Me parece muy interesante cómo expone que el capitalismo, aunque ha demostrado ser flexible y capaz de adaptarse, hoy se enfrenta a un reto completamente distinto: uno donde el valor ya no está en la producción física sino en los datos, la información y el control digital. Esta idea de que quienes manejan la tecnología y los algoritmos concentran el poder económico y social me parece completamente cierta y a la vez, preocupante.También me llama la atención cómo el análisis muestra que este nuevo entorno transforma radicalmente el trabajo. La economía digital nos ofrece oportunidades, pero también precariza, fragmenta y convierte al trabajador en una fuente permanente de datos. La parte donde se menciona que ahora producimos información incluso sin darnos cuenta refleja muy bien la sensación de vivir en un sistema que nos observa y nos moldea.

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  5. Tu texto respira una intuición poderosa: que el mundo digital no es solo un cambio técnico, sino un cambio espiritual. Y ahí está su fuerza. Sin embargo, siento que te falta una pequeña rebelión: recordarle al lector que la tecnología no es un destino inevitable, sino un espejo de nuestras decisiones. Me gusta cómo señalas que el capitalismo muta, pero podrías empujar más esa idea: mostrar que no es la tecnología la que concentra el poder, sino quienes la diseñan y la gobiernan. Tu lectura es lúcida y necesaria: el futuro no se juega en los algoritmos, sino en la capacidad humana de decidir qué valoramos más, si la comodidad o la libertad.

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  6. El ensayo tiene una idea muy clara, lo interesante es que no solo hablas de los beneficios de la tecnología, como la comunicación instantánea, el acceso a información o la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar, sino también de los riesgos que trae, como la pérdida de privacidad, la concentración del poder en pocas empresas y la desprotección que enfrentan los trabajadores. Tu ensayo invita a pensar que la economía digital puede ser una oportunidad para mejorar la sociedad, pero solo si se usa con responsabilidad, con valores éticos y con políticas que reduzcan la desigualdad.

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  7. l texto presenta un análisis claro y reflexivo sobre cómo la economía digital está reconfigurando no solo los sistemas productivos, sino también las relaciones de poder, el trabajo y la vida cotidiana. Al recorrer la historia del capitalismo y contrastarlo con los desafíos actuales como la concentración de datos, la precarización laboral y la pérdida de privacidad muestra que la tecnología no es neutra y que su impacto depende de las decisiones éticas y políticas que la acompañen. La conclusión enfatiza que el verdadero progreso no consiste solo en innovar, sino en construir un modelo económico que reduzca desigualdades y garantice libertades, señalando la necesidad urgente de repensar colectivamente el rumbo de la era digital.

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  8. El texto desarrolla una reflexión clara y bien articulada sobre la transición del capitalismo tradicional hacia una economía digital marcada por la tecnología y el poder de los datos. La autora expone cómo las innovaciones recientes no solo modifican los métodos de producción, sino también las dinámicas laborales, las estructuras de poder y las libertades individuales. Además, el análisis destaca con acierto los riesgos que acompañan este proceso, como la concentración de información y la vigilancia masiva. La conclusión invita a pensar en un futuro donde la tecnología esté regulada por principios éticos y orientada al bienestar colectivo, subrayando que el avance económico requiere responsabilidad, equidad y límites sólidos.

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