Yeferson Nicolas Burbano Melo
A través de la historia la evolución de los sistemas económicos ha estado marcada por
distintas tenciones, entre ellas los intereses particulares y colectivos. Al analizar todo este
recorrido de una manera critica nos podemos dar cuenta que el sistema económico pese a sus
avances produce mucha desigualdad, explotación y concentración de riqueza en unas pocas
personas que han caracterizado todas estas previas etapas. Como nos señala Karl Polanyi (1944),
la economía no surgió naturalmente, sino que fue echa mediante decisiones políticas. Todo esto
nos invita a cuestionar hacia donde se dirige el sistema actual y si esto responde a los intereses de
bienestar social.
El capitalismo industrial de el siglo XIX tenía un modelo económico de producción
basado en el trabajo asalariado y la acumulación de capital. Karl Marx sostenía que el
capitalismo genera inevitables desigualdades al basarse en la explotación del trabajador, pues “el
capital es trabajo muerto que solo se reanima chupando trabajo vivo” (Marx, 1867). Aunque el
siglo XX propuso y aplico reformas sociales y políticas de bienestar en muchos países, el
neoliberalismo en las últimas décadas volvió a centrar la economía en la lógica del mercado,
promoviendo la privatización, desregulación y competitividad individual. Según David Harvey
(2005), el neoliberalismo no solo busco liberar los mercados, sino también restaurar el poder
económico mediante un proyecto político disfrazado de una racionalidad técnica.
Hoy en día, la sociedad atraviesa una nueva etapa marcada por la digitalización y la
automatización. Autores como Shoshana Zuboff (2019) señalan que estamos entrando al
“capitalismo de vigilancia”, donde todos los datos personales se convierten en recursos
económicos y a su vez las plataformas digitales adquieren poder sin precedentes para influir en
decisiones políticas y sociales. De igual manera, Thomas Piketty (2014) evidencia que la
desigualdad en el capitalismo contemporáneo crece de forma estructural cuando la acumulación
de capital supera el crecimiento económico, dándonos a entender que el sistema sin regulación
tiende a concentrar riqueza en pocas manos.
Ante este panorama, en la sociedad surgen voces que reclaman alternativas
socioeconómicas más equitativas y sostenibles. Yuval Noah Harari (2018) advierte que la
evolución tecnológica puede generar “clases inútiles” si en estas no se plantean modelos de
distribución de trabajo y los beneficios tecnológicos. Por otra parte, Amartya Sen (1999) dice
que el desarrollo no debe reducirse al crecimiento económico, sino entenderse como expansión
de capacidades humanas y libertades reales. Estas perspectivas nos plantean un desafío ético y
político: entonces, ¿queremos un futuro en el que la economía domine la vida y el planeta o un
modelo donde el bienestar colectivo sea el propósito central?
En conclusión, la historia demuestra que el sistema económico es moldeable y sujeto a
disputas ideológicas y sociales. El capitalismo contemporáneo apunta hacia una mayor
digitalización, concentración de poder y redefinición del trabajo, pero también abre la posibilidad
de transformar las estructuras económicas en función del bien común. La tarea que tienen las
futuras generaciones es pensar críticamente, contribuir a un sistema donde el progreso sea
compartido. El avance en la digitalización es inevitable pero el futuro aun no esta determinado:
este se construirá en la decisiones, ideas y luchas que tengamos en el presente.
Referencias
Harari, Y. N. (2018). 21 Lessons for the 21st Century. Spiegel & Grau.
Harvey, D. (2005). A Brief History of Neoliberalism. Oxford University Press.
Marx, K. (1867). El capital: Crítica de la economía política. Vol. 1. Siglo XXI Editores.
Piketty, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century. Harvard University Press.
Polanyi, K. (1944). The Great Transformation: The Political and Economic Origins of Our
Time. Beacon Press.
Sen, A. (1999). Development as Freedom. Oxford University Press.
Zuboff, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism. PublicAffairs.
leyendo el texto, se puede resaltar que plantea una mirada muy realista sobre la evolución de los sistemas económicos, y lo hace basado en un contexto histórico, que ayuda a aterrizar una idea clave: nada de lo que hoy entendemos como “economía” nació solo. Todo fue construido, moldeado y forzado a través de decisiones políticas, intereses particulares y tensiones sociales. Y eso, de entrada, ya nos obliga a sospechar del futuro que se está formando hoy. La parte más interesante es cómo conectas ese pasado con el presente digital. Zuboff acierta cuando habla de un “capitalismo de vigilancia”, porque hoy los datos se han convertido en el nuevo petróleo, y las grandes plataformas tienen más información sobre las personas que muchos gobiernos. En ese sentido, la desigualdad ya no se mide solo en tierra o dinero, sino en capacidad de controlar información. Y eso tiene consecuencias enormes sobre lo que pensamos e incluso en lo que deseamos.
ResponderBorrarEl texto plantea una mirada crítica bastante completa sobre cómo los sistemas económicos han evolucionado entre tensiones de poder y decisiones políticas. Me parece acertado que muestre que la economía no es algo “natural”, sino una construcción que históricamente ha beneficiado más a unos grupos que a otros, tal como lo señala Polanyi. También esta bien cómo conecta autores clásicos como Marx con debates actuales sobre neoliberalismo y desigualdad, mostrando que muchos problemas no son nuevos, solo han cambiado de forma.
ResponderBorrarLo interesante es que no se queda en lo histórico: al traer conceptos como el “capitalismo de vigilancia”, el texto utiliza muy bien el impacto de la digitalización y la concentración de datos en manos privadas. Ese puente entre pasado y presente ayuda a entender que la desigualdad no es un accidente, sino una tendencia que varios autores ya han advertido.
El cierre funciona porque abre la discusión hacia la responsabilidad ética y política de las próximas generaciones. Más que ofrecernos soluciones cerradas, nos invita a pensar el futuro como algo moldeable, lo cual le da un tono crítico pero también esperanzador.
El texto presenta un análisis sólido y crítico de la evolución del sistema económico, mostrando cómo el capitalismo, desde sus raíces industriales hasta su versión digital actual, se ha mantenido sostenido por decisiones políticas y dinámicas de poder más que por procesos naturales. A través de autores clave, se evidencia que la desigualdad, la explotación y la concentración de la riqueza son tendencias estructurales del modelo, especialmente en su fase neoliberal y digital. Además, plantea con claridad que el desafío contemporáneo no es solo económico, sino ético: decidir si la tecnología y el crecimiento seguirán subordinando la vida humana o si podrán orientarse hacia el bienestar colectivo. El texto invita a reflexionar críticamente sobre el futuro y sobre la responsabilidad social en construir alternativas más justas y sostenibles.
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